Respirar, observar y hacer silencio

Respirar, observar y hacer silencio

Hace unas semanas tomé un retiro personal de 5 días. Al regresar, los más curiosos me preguntaron qué tipo de retiro había hecho, que técnicas había usado y todas las dudas cuando especulaban que, mis días de retiro, habían tenido una agenda “espiritual”.

Pensaban que no les quería contar lo que había vivido cuando les dije que había simplemente caminado, observado la naturaleza dándome tiempo para respirar conscientemente, disfrutado de paisajes, del silencio y el descanso.

Sí, el mejor retiro es hacer poco de lo que hacemos regularmente. Dejar las rutinas y parar.

Muy frecuentemente lo sugiero a las personas que están involucradas en varios proyectos –la paternidad o maternidad puede ser uno de ellos- , que intentan estar lo más conscientes posible pero que no están en paz.

El salirnos de las rutinas, dándonos espacio para que el cuerpo se relaje, acompañándonos con respiraciones más conscientes y momentos de silencio, suelen funcionar como reguladores muy efectivos para nuestra vida tan ocupada. La respiración, el silencio y el poder estar en un estado más meditativo, más observador, que involucrado en todo lo que sucede, pone la energía en su lugar sin que tengamos que hacer algo especial para lograrlo. Nada más que parar.

Cuando lo hago, no siempre encuentro respuestas a todo lo que me preocupa, pero al menos dejo de necesitarlas. Y aparece una certeza que no tenía, sin que haya hecho racionalmente nada  para alcanzarla. En ese momento, la mente no me muestra nada más que lo que mis ojos ven. No especula con el pasado ni el presente. Disfruta de lo que hay.

Ese estado, uno de los más buscados por cualquier ser humano, resultó cuando me quedé quieto, escuchando mi respiración, sintiendo el frío del ambiente sin resistirlo y observando la naturaleza alrededor. Así de sencillo.



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