Respiremos yoga

Además de mi práctica de yoga, me gusta combinar esta disciplina con prácticas más mundanas, como correr, subir el cerro, etc. En estos días me disponía a comenzar mi sesión de barras, cuando llegó al sitio un grupo que incluía a un “deportista” que esgrimía un cigarro con orgullo. Como imaginarán por mi artículo previo sobre el humo del cigarrillo, esto no me satisfizo en lo más mínimo, puesto que procedí a manifestarle mi incomodidad. El amigo me miró con cara de “¿que Qué?”, pero me preguntó “¿por qué?”, a lo que respondí “oye mi pana lo que pasa es que cuando uno está haciendo ejercicio lo último que quieres respirar es humo de cigarrillo”.

Para mi fortuna, los que estaban con él me apoyaron y hasta lo chalequearon (LOL), así que el pana se fue cabizbajo al otro extremo de la plaza a terminarse su cigarro (lo cual agradezco y aplaudo). Como comprenderán, no era el lugar ni el momento para exponer todo el trasfondo bioquímico por el que luego de una intensa actividad anaeróbica, el cuerpo lo que está buscando es oxígeno, y no CO, alquitrán, nicotina, arsénico, etc.

El asunto es que de hecho, nuestro cuerpo está capacitado para suplir la demanda de oxígeno durante una actividad anaeróbica, pero no por mucho tiempo, de hecho esta capacidad nos viene de nuestros orígenes como especie, como un recurso de supervivencia, en lo que se conoce como el “flight or fight”, es decir es hora de “pelear o correr”. Pero el hecho es que luego de ese préstamo de energía que nos hace el cuerpo en ausencia de oxígeno, éste se comporta como un cobrador más impaciente que los mafiosos de las películas, manifestándonos que “necesito oxígeno y lo necesito ¡YA!”.

Si me lo permiten, me gustaría comartir un extracto de mi libro Haga yoga, que habla un poco sobre el tema:

Durante el ejercicio, a medida que aumenta la demanda de combustible, el hígado libera glicógeno. En el músculo, el glicógeno es transformado en ácido láctico, el cual puede ser usado como fuente de energía, o regresa al hígado para ser almacenado (de nuevo en forma de glicógeno). Como recurso de supervivencia, el músculo es capaz de transformar el glicógeno en energía sin necesidad de oxígeno por alrededor de 90 segundos (glicogénesis anaeróbica). Luego de esto, la reacción debe ocurrir en presencia de oxígeno, por lo que el ritmo respiratorio aumenta. Sin embargo, durante ejercicios extenuantes, la cantidad de oxígeno inhalada en la respiración resulta insuficiente para la cantidad de ácido láctico por procesar. Este déficit en la cantidad de oxígeno es lo que se conoce como fatiga. La fatiga es similar a lo que ocurre cuando se desenchufa un electrodoméstico, e impide que el músculo se contraiga.

Pero la importancia de la respiración va más allá de la importancia bioquímica de la ingesta de oxígeno para el cuerpo. Como comentábamos en mi artículo inicial de Por qué yoga, la respiración constituye una pieza fundamental en nuestro trayecto hacia la búsqueda de la introspección, clave para el logro de nuestra realización personal. La herramienta que utiliza el yoga para lograr este objetivo es el Pranayama, y que pudiera traducirse como el control de la respiración. A continuación me gustaría abordar esta disciplina, con el ejercicio primario de pranayama que se conoce como respiración yóguica o abdominal (de nuevo extraída de mi libro). Espero la disfruten, y ¡a respirar!

Respiración abdominal o diafragmática

La respiración abdominal maximiza la cantidad de aire que entra a los pulmones, mediante la activación del diafragma. Esta respiración puede hacerse sentado, acostado o parado, pero para efectos de su explicación, utilizaremos savasana (explicada en el mismo artículo, “Por qué yoga”).

Acuéstese en savasana y fije su atención en el abdomen. Empuje su abdomen hacia afuera al inhalar, y hálelo hacia adentro al exhalar. Observe el movimiento de su abdomen al respirar, o si prefiere, coloque sus manos o un libro en el abdomen para observar como sube y baja con la respiración. Fije su atención en el movimiento del abdomen y en la entrada y salida de aire de los pulmones. Construya su resistencia hasta alcanzar 5 minutos sin esfuerzo.

 

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