Ritmos: cada quien baila a su son

Como en la música, cada quien tiene su propio ritmo, el compás que marca la pauta de su vida, la melodía que le hace querer bailar y mover el esqueleto o en ocasiones escuchar y disfruta.

Existen muchos ritmos musicales que van desde el más sereno y relajante, hasta aquellos que invitan a bailar, o algunos estruendosos y ruidosos. Así cada persona se mueve, actúa, piensa de acuerdo a su ritmo individual que está dado por el latir de su corazón. En esto me detendré a analizar un poco: imagina que en tu vida el ritmo que rige es la salsa, en tu día a día, tus actividades está el uno-uno-dos-cambio uno-uno-dos-cambio (así lo aprendí yo) y así ha funcionado hasta ahora para ti.

Otra persona, ya sea miembro de tu familia, amigo, compañero de trabajo, tu pareja… baila al ritmo del vals, más pausado y sereno. ¿Qué sucede si tratas de bailar tu salsa con ese alguien que lleva ritmo de vals? No se hallan, hay disparidad, se pisotean y se frustran porque no llevan el mismo paso.

Lo mismo sucede con nuestra manera de pensar, de llevar la vida, de manejar las situaciones, de relacionarnos con nuestro entorno. Sucede que al tratar que otras personas vayan a nuestro ritmo cuando ellas llevan otro totalmente diferente al nuestro, volvemos a sentirnos frustrados, nos molestamos, nos alteramos porque aquel o aquella «no me lleva el paso».

¿Cómo lidiar con estas circunstancias? ¿De qué manera afecta esto mi vida y mi relación con los demás?

Hay muchas formas de lidiar con situaciones como estas. Una de las formas puede ser hacerle saber al otro que estás bailando salsa y que trate de llevarte el paso o, por el contrario, preguntar o darte cuenta de que el otro baila vals y adaptarte a su paso. También, entender que esta pista de baile que llamamos vida, cada quién lleva su propio ritmo y ¿por qué no? permitir (me) disfrutar la música a mi manera mientras los demás también lo hacen a su manera.

¿Y si practicamos la tolerancia? Disfruto mi baile sin preocuparme si el otro lleva mi ritmo o no, ¡pero claro! buscar una armonía cuando bailamos con alguien más. Comprender que no siempre estará sonando la música que me gusta y disfrutar con quien esté bailando conmigo.

¿Cuál es tu son? Aprende a conocer a qué ritmo bailas tú y disfruta la pieza mientras suena sin preocuparte cómo la bailan los demás, eso sí, con cuidado para evitar tropezar.

¿Qué tal si aprendemos a bailar otros ritmos? Disfrutemos mientras la música suena, que la fiesta aún no acaba y ahora es que queda pista.



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