Roles y sentimientos

Existen distintas formas de comportamiento femenino en el amor de pareja que dependen en gran parte de las experiencias vividas y que marcan la tendencia a repetir patrones aprendidos que en su momento fueron útiles, como por ejemplo, asumir un determinado rol específico y sentirse atraída siempre por el mismo tipo de pareja

Si una mujer busca a alguien que la complemente esa pareja no tendrá afinidades porque siempre tendrán gustos opuestos; de manera que saber cómo funcionan estos roles sentimentales nos aclarará la mejor manera de encarar una relación más sana.

El amor es un sentimiento que no permite razonar, por lo menos en un comienzo, luego comienzan a actuar otros niveles de exigencias.

Una mujer se involucra más emocionalmente que el hombre, pero en toda relación suele adoptar las mismas estrategias de acción que en el pasado le sirvieron

La mujer generalmente idealiza al hombre y se auto engaña, porque está más enamorada del amor que de alguien real.

Uno de los roles que puede adoptar una mujer es el de hada. Un hada tiene las mejores intenciones, ve todo bien y siempre está disponible, supera cualquier conflicto para que marche todo sobre rieles y no permite que la relación tenga la dinámica que le dé vida.

Otro, es el de la mujer que busca el ideal, el hombre perfecto, inmaculado, noble, respetuoso, alegre, dispuesto a estar de acuerdo en todo y en contra de nada, pero tan difícil de encontrar como una aguja en un pajar. Puede encontrarlo, pero también puede desilusionarse y aburrirse.

Está la bella durmiente que espera tanto tiempo que finalmente se cansa y decide aceptar a cualquier buen chico que tiene a mano, formando una relación estable pero sin emoción que puede irse por la cañería cuando encuentra al hombre que la conmueva.

La mujer transformadora es la que se siente capaz de cambiar al hombre transgresor, violento y peligroso; y convertirlo en alguien manso, pacífico, y ordenado.

La mujer seductora es la que necesita que muchos le confirmen continuamente que es apreciada porque es insegura y tiene poca autoestima.

La mujer amazona, es la inteligente, capaz, segura y enérgica que se siente atraída por hombres poderosos pero que después desea dominar.

La mujer camaleónica es la que siempre dispuesta a estar de acuerdo en todo, súper adaptada sin sacrificarse, pero que termina generando aburrimiento.

La mujer bruja, es la que es agresiva con el hombre, la que busca sensaciones, que no es capaz de lograr una relación verdadera y que al final se queda sola.

La mujer depredadora es la que busca al hombre a medida justo para ella para lograr seguridad, estabilidad familiar y sentimental y para que la proteja a cualquier precio. Es la que se une a alguien así sin arriesgarse a emociones fuertes que pueden ser para ella demasiado peligrosas, aunque tenga que terminar aplastada.

La mujer enfermera, es la sacrificada, altruista, pero descuidada con ella misma, la que se une a alguien que necesita ayuda, pero cuando ese alguien se curan la abandona.

La mujer desbordante, es la exitosa, sensual, linda, de alta autoestima, que compite con el hombre, que lo anula, lo intimida, pero cuando éste la abandona le echa la culpa.

La mujer moralista es la que oculta dentro de sí misma a alguien que puede ser la peor trasgresora y que generalmente encuentra una pareja igual a ella que la transforma en una pecadora.

La mujer ejecutiva que es la que asume responsabilidades propias y de otros. A ella siempre se le acercan hombres dependientes, que necesitan su fortaleza, pero cuando falla la relación, no puede aceptar su fracaso.

La mujer nave-escuela que es la que se une a un hombre mucho más joven para sentirse ella también joven; y a cambio le enseña el arte de la seducción, pero que es abandonada cuando su amante aprende.

La mujer Pentélico, que es la amante que se entrega de cuerpo y alma y espera pacientemente a un hombre casado con hijos con la ilusión de que él se divorcie.

Estos tipos de amor femeninos no son ni buenos ni malos; solamente pueden ser negativos cuando se establecen como patrones inmodificables de comportamiento puros que alguna vez resultaron eficaces pero que no siempre resultan.

Estos patrones de conducta se pueden modificar integrando características de otros para que no se conviertan en algo rígido y patológico que obligan a repetir historias.



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