Rumiando mentalmente

Rumiando mentalmente

Si te detienes y tomas contacto con lo que has estado haciendo interiormente, te sorprendería darte cuenta de que has pasado gran parte del día centrado en pensamientos negativos. ¿Verdad? Te enfocas en alguna situación o en alguna persona con la que tienes una relación que te inquieta en ese momento, y le das vuelta al tema mentalmente durante el día, y puede que hasta en la noche. Una y otra vez repasas lo que sucede y te vas cargando más y más sin encontrar la salida, sin ver la solución.

Cuando sucede esto, estás literalmente robado por algo que está en el pasado, aunque sea reciente, que te impide vivir libremente el presente, envuelto en una maraña de pensamientos, repasando imágenes y diálogos, sufriendo una y otra vez. Te llenas de rabia, se va tensando tu cuerpo, tu cara presenta un gesto adusto, y hasta la vas marcando con arrugas. Mientras tanto, estás teniendo momentos de calma y paz que no disfrutas, que ni siquiera adviertes.

Lo que te presento es muy común entre nosotros. Podemos salir de ese círculo vicioso apartándonos y colocándonos en la posición de observador o podemos ponernos en el lugar del otro. Sí, no estarás traicionándote, sino tomando una nueva perspectiva de la situación. Muchas veces podrás verte en una actitud defensiva que cierra canales energéticos y posibilidades de comunicación y resolución. Otras, podrás darte cuenta que no tienes motivos para amargarte la vida quedándote enganchado, mientras el otro ni lo advierte. Otras, podrás ver que tal vez el otro tiene miedo y está cuidando su territorio. Muchas veces reaccionando a tu actitud veladamente hostil. Esto es algo estéril.

Puedes ocuparte en lugar de preocuparte. Cuando puedes detenerte, observar sin emitir juicios y ser honesto contigo, ves al otro que está centrado en sus propias ocupaciones y disfrutas tu espacio. Lo aceptas como un ser humano que también tiene sus problemas y adviertes que, seguramente, tú no eres el centro de ellos. Te distiendes, te liberas, te alivias. Eso lo transmites y puedes experimentar el cambio que se produce a tu alrededor. Cambia la energía que emites. Aceptas la diversidad. Te sientes entre pares que están trabajando como tú, desde el personal nivel de conciencia. Puede que tengas el gesto, la palabra, la actitud que ayude al otro. Este ejercicio debe ser permanente en nuestra vida para no dejarnos robar por esos hábitos que hemos adquirido, que no son nuestra esencia y que nos impiden avanzar en nuestro camino de crecimiento espiritual.

Don´t worry, be happy.



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