Saber organizarnos

“Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí”. William Shakespeare. “Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”. Benjamín Franklin. Ambos personajes se refieren a la pérdida de tiempo como algo que lamentan y que tiene una consecuencia, incluso, a futuro.

Estamos terminando el año. De manera evidente o subconsciente, todos estamos haciendo un balance del que termina y proyectando el que viene. En función de esto, te presento una opción interesante que puede hacer más fácil tu vida y producir cambios favorables. Con esta herramienta podrás lograr las metas que tal vez este año no alcanzaste, o podrás ser más eficiente en la prosecución de las que estás planteándote.

Cada día realizamos muchas actividades y muchas veces nos encontramos angustiados porque el tiempo “no nos alcanza” para cumplir con todas nuestras obligaciones.

Muchas veces terminamos un trabajo minutos antes del plazo que teníamos. Muchas cosas nos quedan pendientes porque nos olvidamos o porque las postergamos. Hay muchos ejemplos.

Si nos detenemos a analizar qué hacemos con nuestro tiempo, cómo nos organizamos para ser más productivos en un lapso menor, cuánta pre-ocupación nos abruma y nos ronda la mente durante el día, podemos obtener el patrón que rige nuestra vida. Tal vez te pasa lo que me pasaba a mí: no hacía lo que debía, me acosaba la idea de la perfección (siempre te falta algo para tener listo tu producto), no priorizaba, jamás decía no, consideraba que siempre podía hacer todo. Si bien desde pequeña, cada noche dejaba hecha la lista de tareas para el día siguiente, cuando dejé de tener solo la actividad estudiantil, me compliqué, porque se agregaron muchas responsabilidades y tareas.

Pude cambiar esa tendencia (de alguna forma destructiva), cuando conocí la ley del 80- 20, la llamada ley de Pareto (en honor a Vilfredo Pareto, un sociólogo y economista italiano que vivió en los siglos XIX y XX). Aunque él la aplicó a la tenencia de la tierra, es utilizada en economía, sociología, mercadotecnia, informática, política… y también en nuestra vida diaria. Muy resumido, este principio se basa en “pocos de mucho” y “muchos de poco”. Según esta ley, el 80 % del éxito de una persona proviene del 20 % de su esfuerzo. Eso es productividad, ¿no? ¡Muy bien!, ¿cómo lo aplicas a tu vida diaria? Obviamente, haciendo el máximo en el mínimo tiempo posible.

Entonces, se trata de descubrir primero qué tareas conforman el 20 % de las que son importantes y listarlas. Estas son las que producirán el 80 % de nuestro éxito. También serán las que, con el 20 % de nuestro esfuerzo organizado, nos conducirán a obtener el 80% deseado. Hacer esta lista permite enfocarse al hacer la selección, tomar decisiones inteligentes donde, concentrando el esfuerzo, se logrará hacer aquellas tareas (no más, por cierto), que darán mayores y mejores resultados.

En forma práctica, y para aplicar a cualquier actividad a la que te dediques, te sugiero lo siguiente:

  1. Hacer una lista de lo realmente prioritario (20 %)(separar lo esencial de lo no esencial).
  2. Analizar lo restante (80 %) y decidir: olvidarlo, delegarlo, hacerlo rápidamente, postergarlo.
  3. No buscar la perfección aceptando tu condición humana.
  4. Aquellas cosas que nos producen cierto malestar, enfrentarlas (como hacer una llamada complicada, llevar el resume para un nuevo empleo, hablar para resolver un mal entendido).
  5. Ser puntual.
  6. Poner fechas concretas y fechas topes.

Al principio, tendrás que apelar a un poco de esfuerzo adicional (ya que estarás cambiando patrones afincados), pero con la práctica continuada (como todo), verás los resultados, simplificarás tu vida, serás más eficiente, ahorrarás energía emocional y física, comprobarás que su aplicación es ilimitada y podrás, si te apetece, emular a Françoise Sagan, quien dijo: “Mi pasatiempo favorito es dejar pasar el tiempo, tener tiempo, tomarme mi tiempo, perder el tiempo, vivir a contratiempo”.



Deja tus comentarios aquí: