¿Sabes aceptar?

¿Sabes aceptar?

Que rico aceptar cuando lo que llega a tu vida es agradable, placentero, pero ¿y si no es así?

Quiero comentarte algo que me dijo la asistente de la clínica veterinaria donde operaron a mi perrita. Ella me comentó que diariamente pueden fallecer de dos a cinco animalitos (es un centro que atiende a un gran volumen de pacientes) y le pregunté:

-¿Cómo haces para que no te afecte?, hay que tener sangre fría.

Ella me respondió:

-Es cuestión de aceptación, la sangre sigue estando caliente, pero es el aceptar lo que nos permite continuar cumpliendo nuestra labor

¡Sabias palabras!

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, y se debe en gran medida al no aceptar, a resistirse, a no entender que hay eventos, situaciones, que son como son y no podemos cambiarlos; esta es precisamente la diferencia entre la aceptación y el conformismo.

El conformismo te lleva a una ciega aceptación de lo que ocurre sin considerar la posibilidad que tienes de girar las cosas, de intervenirlas, y, por supuesto, que representa una gran limitante en la vida que sugiero sea revisada y trabajada para eliminarla de tu repertorio de conductas. La aceptación es asumir aquello que ocurre, y simplemente es independientemente de lo que hagas, como puede ser la muerte de un ser querido, el quiebre de una relación donde la otra persona te dice que ya no te ama, etc.

La aceptación no te ahorra el dolor de lo sucedido, pero es un escalón importante para trabajar la superación del mismo desde el entendimiento de lo sucedido; es el aceptar lo que en definitiva te permite asumir el dolor y poder trabajar para digerirlo, asimilarlo y poder continuar con la vida.



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