Saca el pie del acelerador

¿Con qué frecuencia alguien te habla, y te das cuenta de que no has captado ni una sola palabra de lo que te ha dicho? ¿O estás tomando un paseo, y es como si estuvieras conduciendo a 100 km/h? Lo único que ves mientras caminas es la estela del paisaje con el rabito del ojo. ¿Cuándo fue la última vez que realmente saboreaste la comida que estabas ingiriendo? ¿O te sentiste agradecido por la maravilla que representa tu cuerpo? 

En mi caso, cuando comencé a hacerme consciente de todos los hábitos y conductas aprendidas que en mayor o menor grado desataban en mí un episodio de ansiedad, me di cuenta de que una de las cosas que me impedía disfrutar del momento presente, especialmente cuando me encontraba compartiendo con amigos, era mi deseo de manifestar mis pensamientos a un ritmo mayor del que podía hacerlo a través del lenguaje. Por lo tanto, hablaba sumamente rápido y no me concentraba en las palabras de mi interlocutor, pues mientras él hablaba yo no estaba pendiente de escucharlo sino que mi mente estaba concentrada preparando mi próxima respuesta. Era tal el estrés y la tensión que generaba esta conducta en mí, que hasta mi cuerpo se veía afectado y en ocasiones lo que pudo haber sido una tertulia grata y placentera, se tornaba en una terrible jaqueca.

Aunque ahora probablemente sigo hablando un tanto rápido, procuro que mis ideas fluyan y se organicen antes de que mi boca las exprese. También he aprendido a escuchar con atención a quien me habla, lo que por supuesto me permite tener una conversación mucho más armónica y placentera para mí. Incluso en ocasiones me he llegado a maravillar de la capacidad creativa que despliego en la conversación, quiere decir que estoy sumergida disfrutando del momento presente. Estoy segura de que mi interlocutor también lo agradece.

Muchos de nosotros vamos por la vida en piloto automático. Pero estar más presente en nuestro día a día puede hacer que tengamos una vida menos estresante y mucho más satisfactoria y fascinante. La mejor parte de todo esto es que no hay que sacar tiempo extra para estar más presente; simplemente haciendo lo que siempre haces, pero fijando toda tu atención en ello, es más que suficiente para conectarte con la magia del aquí y el ahora.  

Te invito a que le bajes el ritmo no solo a tu mente, sino también a tu vida. Disminuye el ritmo de todas tus actividades. Haz la prueba. Mientras realizas esta lectura desacelera tu respiración y lee estas palabras lentamente. Verás cómo tu capacidad de entendimiento y retentiva se incrementa y por ende disfrutarás más de la lectura. 

Si vas en tu auto haz un alto para contemplar la belleza de un cielo estrellado. Regocíjate con la majestuosidad del universo. Si estás en una fila aguardando tu turno, bájale el ritmo a tus pensamientos y no te resistas a experimentar el momento. Observa lo que está a tu alrededor, en ocasiones podemos descubrir personas maravillosas con solo darnos el permiso de observar y experimentar.

Si disminuyes el ritmo, simplificarás tu vida y permitirás que la fuerza del universo se alinee contigo. Date el permiso de estar en paz con el ritmo perfecto con el que funciona la creación de Dios.

¡Aquí comparto algunas ideas para ayudarte a empezar!

Utiliza los cinco sentidos 

Una de las mejores maneras de estar más presente es haciendo uso de todos tus sentidos para experimentar el mundo en los momentos extraordinarios y más aún, en los aparentemente normales o rutinarios. La hora de la comida es un ejemplo perfecto para iniciar tu práctica del ahora. La próxima vez que te sientes a comer, apaga el televisor o cualquier elemento de distracción y céntrate en la comida: ¿qué olores percibes?, ¿qué aspecto tiene? ¿Ves en tu plato un arcoíris de colores o simplemente un par de matices? Saborea cada bocado ¿cómo se siente la textura de la comida? 

La hora de la ducha

La mayoría de la gente empieza oficialmente su día con una apresurada ducha, pero no se dan cuenta de que es la oportunidad perfecta para disfrutar de una experiencia relajante y rejuvenecedora. Cuando estés en la ducha, presta atención a cómo el agua recorre tu cuerpo mientras va cayendo. Escucha tu cuerpo e identifica qué partes de este parecieran ansiar un poco más de contacto con el agua: ¿tu cuello, la espalda o quizás los pies? Cierra los ojos y conéctate con ese chorro vigorizante que cae sobre tu cabeza. Imagínate enjuagando tu somnolencia y siente como tu cuerpo se revigoriza para el resto del día. 

Reconoce que el mundo es un gran milagro 

A menudo olvidamos que lo mundano es milagroso. Afortunadamente, todo lo que tienes que hacer para recordarlo es abrir los ojos y mirar a tu alrededor. Comienza contigo mismo, y luego maravíllate con todos los seres que viven y respiran a tu alrededor. Hay un hermoso pasaje del maestro budista Thich Nhat Hanh en el libro Su verdadero hogar, que dice así: «Alrededor de nosotros, la vida está llena de milagros ─ un vaso de agua, un rayo de sol, una hoja, una oruga, una flor, la risa, las gotas de lluvia ─. Si vives en la conciencia, te será fácil ver milagros en todas partes. Cada ser humano es una multiplicidad de milagros. Ojos que ven miles de colores, formas y formas; oídos que escuchan un vuelo de abejas o un trueno; un cerebro que reflexiona sobre una mota de polvo tan fácilmente como lo hace sobre todo el cosmos. Cuando estamos cansados y desanimados por las luchas diarias de la vida, puede que no percibamos estas señales, pero de igual forma ellas siempre están allí”.

Cultiva la curiosidad  

Una de las razones de que vivamos en piloto automático y quizás hasta sintiéndonos un tanto aburridos—  se debe a que podríamos casi ejecutar nuestras rutinas hasta dormidos. Por ejemplo: ¿con qué frecuencia te percatas de lo que hay a tu alrededor mientras conduces hacia tu trabajo o al supermercado? La curiosidad con una intención positiva nos permite entablar una mejor relación con nuestro mundo exterior, aprender cosas nuevas, es como darle un sacudón a nuestras rutinas porque a través de la curiosidad nos percatamos de que las cosas cambian, de que el mundo no es inerte. Al igual que un niño, un gato, un científico, o un poeta, que a diario descubren el mundo una y otra vez. Estar más presente cada día te permite disfrutar más la vida y a tus seres queridos. Incluso cuando estés haciendo una actividad rutinaria, estar presente hará que esta sea más divertida.



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