Sagrado o profano, el placer es el mismo

Generalmente cuando pensamos en un orgasmo, nos imaginamos un estado de euforia que podríamos caricaturizar con fuegos artificiales, mientras que si pensamos en la meditación, lo más probable es que nos imaginemos en un estado de tranquilidad absoluta, de mente en blanco, de nada. Sin embargo, estudios recientes concluyen que para el cerebro, el efecto es el mismo.

De acuerdo a un estudio publicado en el Scientific American a pesar de que la meditación y el sexo activan diferentes partes del cerebro, la clave está en tres efectos que hacen que por momentos seamos capaces de trascender a nosotros mismos, a nuestros cuerpos y pensamientos.

Científicos ahora coinciden con maestros espirituales que durante mucho tiempo se han referido a las similitudes entre la meditación y el orgasmo. Hasta hace poco, la neurociencia tenía pocas bases para comentar sobre el placer. Como señala la investigadora Gemma O’Brien: “el orgasmo no es los suficientemente impersonal y tercera persona para la ciencia” Sin embargo, ahora emerge una visión más clara sobre el mismo a raíz de un estudio sobre orgasmo e hipersexualidad realizado por el Centro de Neurociencias del Departamento de Psicología de la Universidad de Quebec, Canadá.

sagradoiEntre los hallazgos de la actividad cerebral y el placer, encontraron que tanto la meditación como el orgasmo disminuyen nuestros niveles de inhibición, alteran nuestra percepción corporal y disminuye la sensación de dolor.

Si bien es cierto que al observar la actividad cerebral, el lado derecho del cerebro pareciera ser el hemisferio sexy y el placer está asociado más con el lóbulo izquierdo frontal, las tres características que comparten la meditación y el orgasmo, son bilaterales.

Una de estas características es la disminución del dolor, que quizás es la más asociada al placer en si mismo. La otra es la capacidad de dejar de observarnos, de juzgarnos o de criticarnos y la tercera es la disolución de las fronteras físicas, aunque los patrones de activación del cerebro sean distintos. La unión de estas tres actividades cerebrales, son las que llevan al estado de bienestar y placer que producen tanto el sexo como la meditación.

Ya el maestro espiritual Osho se refería al valor místico del orgasmo y los practicantes del sexo tántrico los perciben como una forma de alcanzar la iluminación y entendimiento.

Claro, no significa que la meditación puede suplantar el sexo, o viceversa, pero me atrevería a pensar que si meditamos con frecuencia, la práctica nos puede facilitar el orgasmo. Valdría la pena ensayar.

 



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