Sal de una ruta común y descubre más

Sal de una ruta común y descubre más

Cuando se viaja, generalmente se siguen ciertos parámetros, reglas o itinerarios y, si ese no es al caso, pues simplemente ya tienes un plan en mente a la hora de escoger tu destino.

He viajado por diversos lugares y algunas veces me aburren las caras de turistas y mochileros que llegan a las puertas de los hostales, se chequean, comprar una cerveza, hacen un par de amistades y luego salen al lugar más habitual de la ciudad o la zona de la farra. Claro que eso es de especial interés y enriquece el viaje pero en este artículo te invito a que tengas más sensibilidad social, dale un grito a la apatía, una patada a la rutina y un sermón a lo cotidiano y cómprate tu litro de agua, ve en contra de la flecha que dice “zona turística” o “Casco Histórico” y percibe algo distinto.

Depende de la percepción de cada quien, el poder ir entendiendo no solo el país de uno, sino la importancia de un cultura y más interesante aún el porqué de muchos problemas que tenemos como sociedad. Ser un ciudadano del mundo ayuda a razonar tu entorno y me refiero al planeta Tierra, que al fin y al cabo es donde todos convivimos y de verdad vale la pena saber un poco más de él ya que aquí nacemos y aquí morimos. La vida no es más que un paso efímero por un terreno, aparentemente baldío pero que está lleno de oportunidades que usualmente no aprovechamos porque pensamos que nuestra duración es profusa y duradera, cuando en realidad no duramos un carajo.

El viajar es como leer, como prepararse intelectualmente, mientras más lo haces más te das cuenta de que sabes menos. Igual pasa al viajar, mientras más viajes, aunque sientas que has visto y conocido mucho lo que falta por conocer es aún mayor, ya ahí viene un proceso que podríamos llamar, aunque suene muy al estilo Shakespeare, “angustioso” ya que ahí es cuando verdaderamente te das cuenta de que el tiempo de vida no es suficiente para lo que uno quiere aprender o conocer.

Pero tranquilo, esa angustia es breve; como la adolescencia y esa prepotencia de la cual viene acompañada, la angustia es simplemente la falta de asimilación de la carencia en sí misma, es decir: sé que no sabré todo, sé que no conoceré todo, pero estoy haciendo un esfuerzo por cubrir lo posible del espectro de opciones; y es más una asimilación del deseo que la aceptación del problema.

La cuestión radica en cómo lo hacemos. En este caso que hablamos de viajes el hecho de que recorras un país por una semana y pases un día en cada provincia no quiere decir que el que pasó una semana entera en la capital sepa menos o viceversa. El ojo del turista, más que crítico en el sentido estricto de la palabra, tiene que ser un ojo observador, callado, lúcido y con la menos cantidad de prejuicios  posibles. Solo así podrás tener un verdadero enriquecimiento y catarsis en el lugar. Por es mucho más espinoso poder observar la zona menos turística porque es menos potable, es más incómodo y eso enseña, enseña mucho.

Aprovecha el idioma. Claramente el hablar la misma lengua del lugar te hace sentir más cómodo y confiado, eso es un arma de doble filo, porque generalmente te quedas con lo cómodo. Puedes sacarle el jugo al viaje si conoces el idioma al interactuar de forma directa con la gente local, hacerles saber que aunque eres un turista, no quieres turistear, quieres más vivir como ellos, ponerte al ras de la realidad del momento, ¡¡¡oh amigo!!! Eso sí es enriquecedor. Por otro lado, el no conocer la lengua podría ser una barrera, en lo personal no creo en eso, y podría sonar un tanto tajante porque tengo alto conocimiento de causa. El que diga que no se puede tener una interacción cultural que no le envidie nada a una conversación convencía, por ejemplo entre un japonés y alemán, es porque no ha viajado. Nuestro cuerpo está dotado de miembros y músculos que hacen gestos, órganos para emitir sonidos y juntos tienen el poder de un histrionismo brutal, y una fuerza de comunicación majestuosa. Confío en que si todos careciéramos del lenguaje hablado seríamos más sensibles a nuestro entorno. Esa barrera de lenguaje no es una limitante ya que solo te están mutilando uno de los tantos recursos que tienes para comunicarte, y es donde viene lo divertido, las muecas, sonidos, señas, movimientos, risas, miradas y expresiones.

El viajar es uno de los mejores recursos para conocerse uno mismo y entender a los demás ¡así que a viajar!



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