Salir de la zona de confort

Le llaman zona de confort, pero yo le llamo la zona de muerte. Consiste en el acto absurdo de repetirnos una y otra vez sin más expectativa que llegar hasta la orilla del día, sin más esperanza que no dejar de ser lo que somos y hemos sido: “El mundo es así”. “No vale la pena”, “Ya no estoy para esos trotes”. La inmensa mayoría de las personas construye con justificaciones su propia casa, y ahí se esconde de los demás.

Los que se instalan a vivir ahí son como un equipo patético que renunciara a jugar los partidos de visitante por el miedo a las mentadas de madre y los escupitajos de una gradería siempre hostil.

Hay quienes deciden no tomar nunca ningún riesgo. Está bien, cada quien es libre de decidir sobre su propia vida y sus actos; sin embargo, que no esperen ganar nunca nada, porque nadie jamás en la historia del deporte (o de la vida) obtuvo un campeonato jugando solamente en casa.

Nadie merece ser campeón si no sabe lo que es tener la boca seca de miedo.

Le llaman zona de confort porque ahí se instalan los que están aterrados de la tormenta y el viento, los que hunden la cabeza en la arena mientras el mundo a su alrededor tiembla y se sacude; creen que no hacer nada es la mejor estrategia porque absurdamente piensan que quienes no se mueven no corren el riesgo de cometer ningún error, sin saber que la inmovilidad es el peor error de todos porque es un simulacro de la muerte.

«¿Por qué no puedo estar inmóvil?», se preguntaba retóricamente el poeta chileno Pablo Neruda; creo que se debe a que nosotros somos la vida, y ésta es como un río que fluye, que no se detiene jamás y que busca siempre volver aguas abajo hacia su hogar que es el océano y que, como todos bien sabemos, es una precisa metáfora del infinito.

La vida verdadera se encuentra a la intemperie, en la batalla diaria y el ir y venir de circunstancias que conforman nuestro tiempo mortal. Creer en un mundo inmutable y perfecto es solamente un ideal tramposo que poco o nada aporta a nuestra existencia. Los amores y las tragedias, los éxitos y las caídas, la exaltación y el pánico a lo que vendrá deben enfrentarse a pecho descubierto, con valor y serenidad, con la profunda convicción de que lo que haya de suceder -aun sin que sepamos por qué o cómo- nos conviene.

Más nos vale.

Te mando un abrazo

-alx

Preguntas para hoy: ¿cuál es ese sueño que has postergado por años -o décadas-, del que a nadie hablas y que aparece siempre en la intimidad de los pensamientos? ¿Cuándo fue la última vez que dijiste no públicamente a la opinión de la mayoría? ¿De qué manera mides tu progreso personal? ¿Cuántas horas del día o la semana las dedicas a realizar estrategias de acción específica?



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