Salirse del promedio

La actuación de José Altuve en los últimos cuatro años, pero en especial en la temporada 2014, trajo a mi mente una reflexión que quiero compartir, especialmente con quienes no se atreven a dar pasos agigantados, paralizados por el miedo a lo desconocido o al fracaso / error.
Con apenas 24 años, cuatro en Grandes Ligas desde su debut en 2011 con los Astros de Houston, 1.70 de estatura y 79 kilos encima, este joven maracayero está en boca de todos los aficionados en Estados Unidos desde hace rato.
Y es que Altuve se salió del promedio, quebró la métrica del deporte, de la ciencia de lo preciso anatómicamente, de la fisiología. Y hay algo que se llama confianza que seguramente ha influido en todo este desempeño extraordinario.
Desde su primer turno el 20 de julio de 2011 contra los Nacionales de Washington, aún en la Liga Nacional, dijimos que si le daban confianza, si le daban juego diario, más turnos, si no lo colocaban como alternativa sino como titular en el line up, haría estragos. Y así lo demostró en ese primer y corto mes de su debut. Bateó para .359 (de 39-14), y de allí su historia la escribe sin complejos. En 2014 fue campeón bate en la Americana.
Sin ser muy alto (está por debajo del promedio de la MLB) ni musculoso, este venezolano nos está enseñando cómo ser quien queremos ser a pesar de las condiciones adversas del entorno, de la norma, del común denominador.
Precisamente, la interacción con el entorno, desde niños, nos provee las herramientas cognitivas y físicas para crecer fuera del promedio y destacar en lo que nos propongamos.
¿Cuántos hemos desechado una idea, un sueño, simplemente porque desconocemos el final del camino o tememos equivocarnos y regresar al principio? ¿Cuántas veces hemos dicho que no a una propuesta antes de revisarla y darle más peso a lo positivo? ¿Hasta dónde hemos sido capaces de llegar si no tenemos eso que llaman “piso” para seguir adelante?
En la vida, en la familia, en los negocios, en la soledad, nos cuestionamos y nos cuestionan en innumerables ocasiones, en todas las formas y con cientos de efectos en nuestra psique que, a la postre, terminan debilitando al alma y al cuerpo. Pero eso solo pasa si lo permitimos.
Sentirnos “pequeños”, “menos que” o “inferiores” por no poseer ciertas características anatómicas o por «desventajas sociales», es la actitud que mayor impacto tiene a nuestro alrededor y coloca mayores escollos en nuestro camino al éxito, pues ni siquiera nos va a permitir “estar en el promedio”.
Muchos abandonamos nuestros sueños e ideas porque tuvimos que trabajar muy chicos, parimos muy jóvenes, no tuvimos suficiente dinero para estudiar sin trabajar; en fin. Se me ocurren miles de excusas que hemos repetido hasta la saciedad y hemos escuchado.
Pero no. Salir del promedio depende de nosotros, aunque carguemos con demonios de la niñez o de la pubertad, esos que nos hacen temer más al desenlace que al propio camino; esos demonios que no nos permiten ver las bondades de una idea o proyecto, sino lo borrascoso de la cumbre.
El cuerpo está donde tu mente y corazón palpiten. Hacerse feliz debe ser el primer paso para sonreír toda la vida y el primer recurso para sobrellevar el peso del tiempo y las circunstancias, porque no estamos solos.
¡Qué grande eres, José Altuve…!

PD: En el mundo hay muchos, millones diría yo, casos como el de José Altuve. Pero permítanme cifrar mis esperanzas en que éste sea motivo para que otros sigamos encaminando nuestras vidas, y crezcamos de adentro hacia afuera.



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