Sanando la cesárea: curando la herida emocional

Existe, con toda razón, una gran diatriba con respecto a los altos índices de cesáreas, sobre todo en los centros de salud privado. Sin querer entrar en todas las razones de fondo que, seguramente, se pueden cuestionar, hoy quiero acompañar a quienes, por una u otra razón son quienes las viven: las madres, los cuerpos de las mujeres, su psique.

Siempre las circunstancias que rodean a la cesárea son estresantes. Toda situación de riesgo vital conlleva un estrés o sufrimiento psicológico, que puede resultar invisible para los/as profesionales de la salud.  Muchas mujeres que han tenido una cesárea urgente o planificada cuentan cómo en las semanas o meses subsiguientes han revivido los momentos del nacimiento en su mente como si se tratara de una película. A menudo reviven las emociones que experimentaron sin poder darles un orden interior, o puede que se conecten con la tristeza o la rabia, pero no se permiten exteriorizarlas ya que quienes les rodean suponen que están felices porque ya son madres. Empezar a exteriorizar estos sentimientos es el primer paso hacia la recuperación.

Parir por cesárea puede suponer una pérdida: el nacimiento soñado no ha sido como se deseaba, (esto también puede suceder cuando el parto, a pesar de ser vaginal, ha sido traumático). Incluso cuando la cesárea ha permitido que el bebé nazca sin problemas, la madre puede estar triste por no haber tenido un parto vaginal. Esta tristeza no significa que no quiera al bebé. Otro factor que puede incrementar la tristeza es la propia debilidad que la operación genera. Una cesárea es una cirugía mayor abdominal y encima, nada más salir de la anestesia, hay que ocuparse de un/a recién nacido/a. Y si por coincidencia se ha perdido mucha sangre en la intervención, o si en la clínica la madre no consigue descansar bien, la situación de agotamiento hace que todos los sentimientos de tristeza aumenten, pudiendo llegar a causar una clara depresión.

El parto es mucho más que la llegada al mundo de nuestro bebé. Es también un momento intenso y crucial en la vida de muchas mujeres. El tener que parir por cesárea puede motivar que la mujer sienta que su cuerpo le ha fallado o incluso que es culpable de no haber cuidado bien al bebé que llevaba dentro. Estos pensamientos pueden ser obsesivos: continuamente se le da vueltas al tema pensando que se podía haber hecho para que las cosas fueran de otra forma. Una forma de aliviar estos sentimientos es hablar con los/las profesionales que atendieron el parto o incluso con otros/as médicos/as o Doulas que pueden ayudar a entender mejor lo que sucedió. Muchas veces el padre también se ha llevado un buen susto y puede estar preocupado por la recuperación de su mujer o por los futuros embarazos. O puede ser que no entienda la tristeza de su mujer si el bebé está perfecto. Compartir estos sentimientos en la intimidad permite aliviar los sentimientos de culpa y aceptar que ser padre o madre es, en la realidad, más complejo que en los sueños, pero también mucho más enriquecedor.

Hablar de todos los sentimientos que rodean una cesárea o un parto traumático facilita el ir curando la herida emocional. Los motivos que generaron una primera cesárea no tienen por qué repetirse. Con el tiempo, el apoyo de la pareja y con la información adecuada, se puede poner la experiencia en perspectiva. La lactancia y el ver crecer al hijo o hija son desde luego apoyos valiosísimos para superar el impacto emocional. Aunque el siguiente embarazo puede estar marcado por el miedo a que se repita, el ir hablando del tema y el apoyo de la Doula sirven para poder afrontar el nuevo nacimiento sin miedos. Si los/las profesionales no muestran este apoyo, puede ser beneficioso el buscar una segunda opinión o incluso el cambio de equipo médico.

Experiencias que apoyan la sanación emocional de la cesárea:

  • Darse la oportunidad de hablar con los profesionales que atendieron la operación, preguntar todas las dudas, aclarar las lagunas o ausencias de recuerdos propias de la intervención y aún más si la madre estuvo dormida. Si es difícil localizar al profesional que atendió el parto, siempre se puede solicitar un informe detallado o una copia del historial médico. Lo ideal es mirarlo para conseguir respuestas, no para continuar culpabilizándose. Es válido buscar otros profesionales especialistas en el área y compartir lo vivido.
  • Escucha nutritiva del mundo emocional. Es importante unirse a grupos de mujeres que estén viviendo experiencias similares.  Terapeutas sensibilizados en el tema como psicólogos/as, facilitadores de parto, consejeras de lactancia resultan ser un personal idóneo en el manejo de la vivencia. Como también lo pueden ser las amigas nutritivas que sepan escuchar sin cuestionar la realidad que comparten las madres.
  • Reconocer y aceptar los sentimientos de duelo, pérdida o de tristeza si están presentes. «Lo importante es que el/la bebé está bien» es uno de los comentarios más repetidos tras una cesárea. Claro que sí, pero también es muy importante reconfortar, acoger  a la madre y aceptar su frustración si ella la siente así.
  • Profundo descanso y mucha tranquilidad. Todas las mujeres postparto deberían  establecer muy claramente sus prioridades, aún más después de una cesárea. Cuando se está convaleciente de una operación, no se debería estar pendiente de recoger la casa para recibir visitas. Por eso puede ser aconsejable posponer las visitas hasta que el bebé hayan cumplido por lo menos un mes y dedicar todo el tiempo posible a descansar.
  • De cara a futuros embarazos, es necesario saber  que no tiene porqué volver a suceder lo mismo. Las estadísticas hablan de que un 80% de las mujeres que han tenido una cesárea pueden tener luego un parto vaginal.  Los estudios demuestran que los centros donde más se respeta el parto natural o se cree en el nacimiento humanizado tienen tasas más bajas de cesáreas sin que ello incremente los riesgos para la madre o el bebé. Una buena información y preparación al parto son la mejor manera de evitar una cesárea innecesaria.
  • Si hay que volver a pasar por una cesárea, se pueden pedir algunos cuidados que facilitan la recuperación física y psicológica. Solicitar que el padre esté en la intervención y pueda coger al bebé nada más nacer, que la madre esté informada en todo momento, o que se mantenga un clima de armonía y silencio durante la cesárea, permiten recuperar la sensación de respeto y cariño que debería rodear todo nacimiento.

En definitiva, les invito a rendirse a honrar  y agradecer a su cuerpo por todo lo que hace para nuestra maternidad, incluso “abrirle” una nueva puerta de salida a nuestro bebé cuando la vaginal no es posible. Discernir para obtener todos los aprendizajes que la experiencia nos pudo brindar y con ellas transformarnos y crecer, teniendo fe y esperanza en el nacimiento de una nueva conciencia y relación  con nuestro cuerpo. alma y psique.



Deja tus comentarios aquí: