¿Se borran las heridas de tu vida?

¿Se borran las heridas de tu vida?

Quiero comenzar este escrito con una frase:

“Dicen que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perduran. Con el tiempo, la mente, para proteger su cordura, las cubre de cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparece.» Rose Kennedy

Imagina que te cortas la piel con un cuchillo, sale sangre y sientes dolor, te curas, te desinfectas, pero si la herida es profundal, lo más probable es que quede una marca en tu piel; sentirás dolor por un rato, pero no te quedarás sufriendo. eso pasa, pero la herida pasa a formar parte de tu piel.

Con las heridas emocionales ocurre algo similar, causan dolor, y dejan cicatrices o marcas que varían dependiendo de la magnitud de la misma.

Procedo con un ejemplo personal. Mi mamá como muchos saben abandonó este plano cuando yo tenía 9 años, dejando con su partida una herida en extremo profundal; un dolor de esos que se sienten insuperables. La fe en Dios, el tiempo y mi inmenso amor me ayudaron a avanzar y superarlo. No obstante, aun cuando haya pasado tanto tiempo, no la olvido, la extraño, y en ocasiones lloro, pero ¿cuál es la diferencia?, que no hay sufrimiento, que hay aceptación aunque eso de ningún modo signifique que la herida se haya marchado. Allí quedó, en mi alma, solo que la cubrí con oro para hacerme más fuerte en lugar de dejarme arrasar por un sufrimiento que me impidiera continuar el camino y, sobre todo, perder mi esencia.

Existe una técnica japonesa llamada kintsugi  que podríamos traducir como carpintería de oro, donde a las piezas de cerámica quebrada se les aplica un barniz que las une con polvo de oro para de esta manera obtener un objeto estéticamente más hermoso, y con esas marcas visibles que representan una historia para contar. El objetivo no es reparar los defectos, sino convertir lo roto en algo completo, tal cual debemos hacer con nuestras heridas: aplicar el oro del amor y el aprendizaje para desde allí tener historias que contar que puedan inspirar a otros desde la superación de las mismas.

A lo largo de la vida varias heridas van marcando nuestra piel y nuestra alma. Heridas menores y mayores, engaños, traiciones, separaciones, enfermedades, y el proceso de sanación consiste en tomar conciencia de ellas, descubrir el aprendizaje, su impacto en nuestra vida, y  el cómo desde allí puedes ser un mejor ser humano, inspirar a otros y conservar tu salud mental y bienestar.

En mis terapias siempre aclaro que no pretendo ni puedo borrar tus heridas, pero sí ayudarte a vivir con ellas sin sufrimiento, y cómo convertirlas en impulsoras de tu vida para ser mejor persona, y que no afecten el derecho a ser feliz que te corresponde por nacimiento porque, cuando estas heridas no se manejan o se manejan inadecuadamente pueden transformarte en un ser que no eres, pueden hundirte en la amargura y la desesperación y definitivamente dañar tu vida y la de los que te rodean.

Todos tenemos heridas, unos más grandes que otras. No es un destino espantoso que se ha apoderado de ti, son experiencias que toca vivir quizás motivadas por un destino superior o producto de tus decisiones o de las decisiones de otros. Hoy, la invitación que te hago es a tomar conciencia, trabajar la aceptación y, de ser necesario, buscar ayuda profesional para poder manejar mejor estas marcas en el alma, pues siempre en algún momento todos lo necesitamos.



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