Seamos luz en tiempos de desesperanza

No hace falta buscar en el diccionario la palabra “DESESPERANZA” para saber qué significa. Quienes vivimos en Venezuela, o en países con problemas semejantes, sabemos muy bien de qué se trata. Lo vivimos, lo sufrimos, lo sentimos. Esa sensación de que no es posible modificar la realidad y que, independientemente de las acciones que hagas para cambiarla, las cosas se quedarán como están. Impotencia. Rabia. Resignación.

A los optimistas nos pesa. Nos pesa mucho reconocer que caímos en la desesperanza. Por mucho tiempo, quise creer que las cosas iban a mejorar, que “vendrían tiempos mejores”. Incluso en los momentos más conflictivos, siempre guardé una pequeña esperanza de que podríamos tomar otro rumbo. Y sin importar cuán pequeño fuese ese sentimiento, era suficiente para animarme a seguir creyendo que algún día tendríamos un mejor país.

Pero ya no. Ahora siento que mi generación no verá los cambios. Tampoco sé si lo verán la que me sigue. ¿Qué hacer frente a eso? Allí la gran pregunta. Hay quienes dicen que sólo quienes toman las riendas de sus circunstancias logran salir de este estado. Cuando comienzas a pensar, que aquello de depende de ti lo que puedas lograr. Y que en la medida en que enfrentas más positivamente este sentimiento, podrás aliviar esa sensación y obtener mejores resultados.

Suena sencillo. Pero cómo se hace eso. Mientras me hundía en interrogantes, llegó a mí un artículo sobre un proyecto social denominado “Somos luz”, que se desarrolló en una localidad popular de Panamá. Me resultó tan esperanzador el testimonio de los involucrados que fue como un rayito.

Ellos se encargaron de hacer una intervención artística en una localidad, con la idea de rescatar valores y levantar el autoestima de una comunidad que estaba sumergida en la oscuridad. Bastó un mensaje: “Somos luz”. Una idea que los vecinos interiorizaron y que avivó en ellos la esperanza de que donde hay luz, hay vida.

Eso es lo que nos toca. Antes de seguir perpetuando ese sentimiento, “Seamos luz en tiempos de desesperanza”. Con una palabra amable. Con un buenos días. Con un disculpa. Ayudando a iniciativas como Yoga en los Barrios. Dejando de marcar la diferencia con aquellos que piensan diferentes a nosotros. Ahorrándonos un insulto. Elevando una oración. Si cada uno lanza un destello, puede que comencemos a ver luz al final del túnel. ¡Amén!



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