Seguro va a cambiar ¡Y todo estará bien! ¿Mito o realidad?

Seguro va a cambiar ¡Y todo estará bien! ¿Mito o realidad?

¿Te suena esta frase? ¿Ha pasado por tu mente? Muchas veces nos mantenemos atados a relaciones tóxicas porque albergamos el ideal de que mágicamente la persona cambiará y dejará de lado esas conductas que nos hacen daño, que reflexionará y cambiará ¿Estas son expectativas reales o no?

Hablemos primero de las conductas ¿Cómo se originan? Nuestro actuar no está determinado por las situaciones que vivimos sino de las interpretaciones que le damos a esas situaciones, son las creencias que anidan en nuestra mente las que nos hacen sentir diversos tipos de emociones para desde allí reaccionar de diferentes maneras. Por ejemplo, si tienes la creencia que el dinero es sucio difícilmente desarrolles conductas orientadas a obtener prosperidad; si crees que los días lluviosos son deprimentes lo más probable es que te entristezcas con la lluvia y no te provoque hacer nada; si crees que el sexo opuesto es inferior no trataras con respeto a las personas de género diferente.

Mientras conserves las mismas creencias no habrá cambio alguno por lo que a menos que la persona haya trabajado en terapia de forma efectiva un cambio en el patrón de creencias que da origen a sus conductas, esperar un cambio es sin duda una expectativa irreal por ello la certeza de la premisa que dice que no hay mejor predictor de la conducta futura que la conducta pasada.

En casos de violencia es un patrón fácil de observar, la persona se violenta y agrede física y/o psicológicamente, luego se disculpa y te asegura que no volverá a pasar mientras tú te llenas de esperanza con su “arrepentimiento” para luego volver a agredirte y quizás de manera más intensa que la vez anterior.

Esta es una situación típica que se ve en consulta, personas que pasan años en una relación, sufriendo pero alimentando la esperanza de cambio cuando cambien las situaciones, cuando el otro recapacite, si cambias tu, o cualquier otro patrón que lo que trae como consecuencia es más frustración y lo peor, en muchas ocasiones asumiendo culpa por el comportamiento del otro con frases como “hay algo malo en mi” “no soy suficiente para él o para ella” “por mi culpa se comporta así”

Son las conductas las que hablan no las palabras o la expresión de intenciones, desde el verbo puedes confundirte o desarrollar estas expectativas no reales por ello la invitación es a dirigir tu atención a los hechos, a lo que hace la persona no a lo que dice que va a hacer.

En cuanto a las conductas claro que pueden haber variaciones en determinados momentos, una persona iracunda por ejemplo puede desarrollar en ocasiones conductas afectivas pero recordemos que la relación es un continuo de episodios y dentro de ese proceso lo que te invito a observar son esas conductas que prevalecen, que se repiten.

Si tu pareja es infiel repetidas veces, si el empleado suele ser irresponsable con la entrega de los trabajos asignados, si ese amigo no suele llamarte nunca, ¡Ya sabes! Lo más probable es que lo sigan haciendo aunque haya momentos de excepción.

No se trata entonces que haya malo en ti, se trata de aprender a tomar conciencia de la realidad, de entender que si esas conductas son nocivas para tu bienestar el camino más adecuado es protegerte, establecer límites y en muchos casos poner distancia y no asumir o soportar sus comportamientos inadecuados bajo la ilusión del pensamiento mágico de seguro va a cambiar ¡Y todo estará bien!

Imagen de Andrew Martin en Pixabay



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