Senos de silicona: pánico y obsesión

Hay pánico y con cierta razón. En Venezuela, donde cada hora cuatro mujeres se hacen implantes de senos, el escándalo de las prótesis PIP hechas con silicona industrial tiene a muchas con los pelos de punta por el temor a una ruptura y eventual cáncer. Se calcula que entre 300 y 400 mil mujeres en todo el mundo han recibido estos implantes. En Francia, país sede de la empresa que los produjo, la recomendación ha sido el retiro preventivo. En Reino Unido son más cautelosos y siguen los estudios. En Venezuela hay grupos en Facebook para compartir testimonios y 200 mujeres demandarán a la empresa fabricante.

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Si pasaste las últimas dos semanas en la luna, acá el resumen: los implantes de la compañía Poly Implant Protheses (PIP) eran fabricados con silicona (que ahora se sabe que era de tipo industrial, para fabricar colchones) y muy populares por su bajo costo. En 2010 un informe de la Sociedad de Cirujanos Plásticos de Francia señaló que presentaban un grado de ruptura mayor al promedio. A finales de ese año PIP se declaró insolvente y dejaron de producir. Hace dos semanas el tema tomó más calor por reportes de la prensa francesa sobre las irritaciones y posible aumento de riesgo de cáncer en caso de ruptura del implante.

Por eso hay pánico, y con cierta razón. Y digo cierta porque los médicos señalan que no hay riesgo de muerte inminente ni mucho menos. Primero debe romperse la prótesis y sus consecuencias son asunto de debate. Pero claro, ninguna mujer desea sentarse a esperar a ver el cuadro estadístico.

El consenso pareciera ser un examen médico y una evaluación periódica cada seis meses para determinar el estado del implante. Una extracción puede ser traumática y la decisión debe ser tomada en caso de ruptura. Los especialistas no recomiendan una operación a la carrera y mucho menos cirujanos sin experiencia. Porque lamentablemente en muchos casos estas intervenciones mamarias, así como otras antiarrugas o de aumento de glúteos, se han realizado en espacios improvisados y sin la preparación necesaria. Por ejemplo, hace poco en Miami dos mujeres fueron acusadas de inyectarle pegamentos a varias personas en sus nalgas.

El caso de PIP se resolverá en tribunales y las angustias de las mujeres con los implantes se ventilará en los consultorios médicos. Pero después del pánico ¿qué viene?

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Yo creo que toca reflexionar sobre la obsesión con la cirugía estética, los deseos de cambiar el cuerpo a toda costa y riesgo, y claro, la cultura de belleza artificial que se impone cada día más.

Se calcula que el 95% de las cirugías de implantes mamarios son por razones estéticas. Apenas el 5% por necesidades clínicas, como una mastectomía a raíz de cáncer de seno. Esa idea de que el aumento de los senos es necesario para “lucir y sentirse mejor” es tan falsa como (ahora sabemos) peligrosa.

Y no olvidemos a los hombres. Francia investiga ahora la fabricación por PIP de implantes masculinos para testículos y glúteos. Porque la fantasía cosmética no es asunto sólo de mujeres.

¿Lo pensarán mejor las madres que le regalan a sus quinceañeras una operación de prótesis? ¿Se mirarán al espejo y verán su belleza natural las personas que fantasean con un “cuerpo escultural”?

El cuerpo es solo un estuche, y los ojos la ventana, de nuestra alma aprisionada, dice la canción de Aterciopelados… Mira la esencia, no las apariencias. Lo que hay adentro es lo que vale.

 



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