Sentarse consigo mismo y escuchar

Que te dices a ti mismo

Existe una cantidad inimaginable de dogmas, creencias, estudios, métodos, explicaciones, cursos, artículos, conferencias, y pare usted de contar, cuando se trata de «meditación» y de como se debe «meditar».

Bueno, la verdad es que me he encontrado algunas veces un tanto estresada tratando de «hacerlo bien», cuando en realidad al final de cuentas lo único que quisiera es sentarme un ratico a compartir conmigo misma unos instantes de tranquilidad.

Tal vez de eso se trata cuando uno se deja llevar por el impulso de querer avanzar, algunos hasta hablan de «adicción» al desarrollo personal ;p… se puede perder de vista el objetivo inicial.

En mi caso el objetivo es sentir ese alivio similar al que se siente al regresar a casa luego de un largo viaje, o al acostarme al final de una larga jornada, o a ese sentimiento de paz cuando el estruendoso rugido del taladro en el apartamento vecino al fin termina. Sea cual sea el nombre que quieran darle a este simple acto, así no se llame «meditación», lo que sí pienso es que puede aportar un gran alivio general.

Entonces, ¿cómo se explica tanta algarabía en torno al arte y la ciencia de «meditar»?

Razones hay para explicar la plétora de información y actitudes en torno al tema que existen hoy en día en nuestra sociedad en plena expansion de conciencia individual y colectiva. Tal vez una de ellas sea que cuando se comienza a querer encontrarse en silencio consigo mismo, y se siente uno dichoso de entrar en esa burbuja de aire tan personal,  tal vez entonces – no obligatoriamente, pero tal vez-, algunas personas quieran ir mas lejos y descubrir diferentes técnicas para mejorar aun mas la calidad del espacio de tiempo que se dedica a esta «auto-escucha».

Pero para aquellos que solo buscan encontrar un poco de calma interior, en realidad no se necesita tener ni saber nada en particular. Personalmente me gusta sentarme cómodamente -sí, lo de cómodo es realmente indispensable-, y si de verdad es un día en que me apetece acostarme, pues también, después de todo a quien le importa si lo que en realidad necesito es una siesta corta…

Cuando ya me encuentro instalada cómodamente, me acuerdo de lo agradable que es respirar el aire que me rodea, y sentir conscientemente como penetra suavemente por mi nariz. Es uno de los pocos momentos en que pienso y disfruto esta sensación de respirar como si el aire estuviera impregnado de un perfume agradable. Y luego de varios días de práctica, me sorprendió encontrarme algunas veces tomando consciencia  repentinamente durante mi jornada de lo agradable que es respirar…

Después de la etapa de tomar conciencia de la respiración y escuchar el corto instante de silencio al final de la expiración…  Los dejo adivinar lo que sigue…

Pues…¡vienen los pensamientos!. De cualquier tipo que se puedan imaginar (los niños peleando en la cocina durante el desayuno, la queja del papá por la pelea de los niños, el cosquilleo que siento en la mejilla, el teléfono que se me olvidó apagar antes de comenzar, el comentario desagradable la semana pasada de alguien en la cola del supermercado, etc, etc, etc….).

No lo había pensado antes pero en realidad es exactamente lo que me sucede cuando me me acuesto en la noche y cierro los ojos dispuesta a dormir: un sin número de pensamientos acuden a mi cerebro -la oficina de las quejas- como el cauce de un aguacero que se acaba de desatar.

Si consideramos esta afluencia de pensamientos como algo necesario y natural para vaciar nuestra mente de lo superfluo y mantener un poco de orden y salud mental – para el cuerpo lo equivalente sería el hecho por ejemplo de ducharse, cepillarse los dientes o ir al baño-, entonces el simple hecho de sentarse regularmente a observar el cauce sin ningún tipo de distracciones -libros, teléfono, música- y así dejarlo pasar, podría resultar realmente útil y benéfico.

En todo caso, ahora cada día espero con impaciencia el momento de sentarme sin mas propósito que el de estar allí presente para mí, y lo que venga. Y desde que comencé a hacerlo diariamente -de 10 a 30 minutos-, me parece que el tiempo que paso luchando con el aguacero de pensamientos antes de lograr dormirme se ha reducido.

Por el momento no puedo sacar conclusiones en cuanto a la calidad global de la noche entera puesto que aun me despiertan de vez en cuando ruidos de sillas y puertas de vecinos sonámbulos, o los rugidos a mi lado, o hasta mis propios ronquidos :p. Pero ya eso es otra historia que va mas allá de la reflexión de hoy. En todo caso, la experiencia me ha resultado muy interesante.

¿Cual es tu propia experiencia si también acostumbras a sentarte un rato de tanto en tanto contigo mismo? ¿Qué influencia has observado en tu manera de experimentar tu día a día ? Y si no acostumbras hacerlo ¿qué piensas de la idea de observar regularmente tus pensamientos pasar para liberar tu mente?



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