Sentarse y observar

Sentarse y observar

A veces siento que estoy en una sola carrera contra la vida. Es tanto el tiempo en el que me encuentro atrapada en mis tareas diarias que casi ni me doy cuenta que la vida esta ahí mismito, a mi lado.

“Hay que sentarse a contemplar Marisela, a contemplar”. Así me expresaba con cierta frecuencia en Caracas un querido primo para quien la contemplación es una necesidad vital.

¿Será posible que sea yo capaz de montarme en ese carro desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde sin tener apenas un minuto para detenerme a pensar que en un día hay muchas otras cosas para ver mas que carros y semáforos?

¿Como es posible que no haya notado todo el escenario que se encontraba a mi alrededor cuando iba por el camino? ¿Será posible que ni siquiera me haya dado cuenta del amable señor que me dio paso en el cruce? ¿o de los niños que juegan alegremente en el parque? ¿O del día precioso con el cielo azul y su maravilloso sol?

Seguramente no. He estado tan atrapada en mi objetivo por llegar a tiempo quien sabe adonde primero, en los detalles de esquivar el tráfico y en el estrés de manejar, que no he tenido tiempo de darme cuenta del ambiente que me rodea, de la gente amable a mi lado o de lo maravilloso de mi trayecto.

Entonces pienso: ¿Que ocurriría si detuviese mi vehículo frente a ese pequeño parque ubicado en mi camino, saliera de él y me sentara por unos minutos a observar los carros que pasan? ¿Será entonces que pongo en práctica el plan de contemplación del que me ha hablado mi primo?

Es muy probable que descubra que mis furiosos colegas conductores a quienes decidí observar de lejos, son el reflejo de mí misma luchando con ese apuro, con esa preocupación. Sentada observando puedo entender esa sensación diaria que me persigue cuando al tratar de resolverlo todo en un día, no quedo satisfecha con la tarea realizada.

Viendo a los demás pasar, descubro mis propias flaquezas y siento que no todas las responsabilidades que cargo sobre mí tienen importancia. Esas las dejo ir.

Sentada y observando, decidí tomar el cielo azulísimo y bonito de hoy como mi compañero de vía por ese mundo de asfalto y acero. Y de ahora en adelante él será el responsable de que llegue a mi destino con motivación y positivismo.



Deja tus comentarios aquí: