Sentimientos atragantados

En estos días leía aquí en Inspirulina un artículo de mi amiga Jocelyne Ramniceanu donde ella hablaba de ese diálogo interior que tenemos constantemente en nuestra cabeza y que lamentablemente la mayoría de las veces versa sobre aspectos negativos.

En mi libro «Organiza tu clóset mental y vive mejor» yo llamo a este diálogo cháchara mental. Un perenne parloteo y escenificación de dramas inexistentes que lo que hace es llenarnos de basura que vamos acumulando en ese armario que llamamos mente.

Callar ese diálogo es vital para conseguir paz y poder disfrutar de la vida tal y como lo merecemos. Pero hay otro factor que va llenando día a día nuestro clóset mental de basura que no solo es inservible, sino que es altamente perjudicial para nuestra vida. Los voy a llamar aquí los sentimientos y pensamientos atragantados.

Me imagino tu cara en este momento, pero es que esta es la forma en que los visualizo y déjame decirte que la imagen no es muy bonita. ¿Qué son estos pensamientos atragantados? Esos que surgen en determinado momento con la necesidad intrínseca de salir, van del cerebro a nuestro aparato fonador y ¡zas! por una u otra razón, se quedan atorados en nuestra garganta. Toses un poquito, pero qué va, ahí se quedan.

¿Cuántas veces hemos puesto una sonrisa forzada y asentimos con la cabeza cuando alguien nos está comentando algo, a pesar de que no estamos de acuerdo? Muchas veces, ¿verdad? A más de uno nos ha pasado que vamos a un restaurant y, por ejemplo, el mesero no nos presta atención, o el vaso que nos trajo está sucio, o no nos trajo lo que ordenamos, y en vez de expresar nuestro desagrado (con educación, vamos, que tampoco es necesario que lo hagamos de mala manera) nos quedamos callados para evitar un «mal rato».

Los sentimientos que nos tragamos, los pensamientos que dejamos que se nos queden en la garganta, van llenando nuestra cabeza, y se van colando, poco a poco, como el café, hasta que la taza se derrama. Es el momento en que explotamos por cualquier cosa y no sabemos por qué. Es igual a esas cosas que nos han regalado y que no nos gustan para nada y van llenando nuestro clóset, convirtiéndolo en un verdadero desastre.

Claro, hay casos de casos. No es que vas a aguarle la fiesta a esa amiga que recién salió de la peluquería y le vas a plantar en su cara un: ¡¿Quién te hizo ese desastre?! Cuando hablo de no atragantarte sentimientos me refiero a los importantes. A esos que te atraviesan como una lanza, pero que estoicamente los callas y te van amargando un poquito cada día.

Motivos para callarnos hay muchos: evitar una discusión innecesaria (porque «supones» que la otra persona va a discutir); no herir los sentimientos de la otra persona (porque «supones» lo que ella va a sentir); no quedar mal con la otra persona (porque «supones» que te va a juzgar), en fin, razones hay muchas, pero cada ocasión es diferente y si lo piensas un poco verás que muchos de esos motivos no tenían razón de ser.

No dejes que tu clóset mental se llene cosas que no te sirven. No guardes sentimientos atragantados. Analiza bien las razones que te llevaron a no dejarlos salir y seguramente encontrarás que la mayoría son excusas que nos ponemos para no enfrentar ciertas cosas. Vamos, tose un poquito, date unas palmaditas en la espalda y a despejarte de ese atragantamiento.



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