Ser Capaz

“Una semana antes de cumplir 6 meses de embarazo descubrió que era verdad que mi papá la engañaba con otra mujer. La otra la mortificó tanto que una tarde mi mamá decidió seguirlo, lo vio, regresó a casa y le hizo las maletas. Por supuesto tuvieron una discusión monumental y cuando finalmente él se fue, se sentó y rompió fuentes”.

Así llegó a este mundo con menos de 24 semanas de gestación y sobrevivió gracias a circunstancias casi milagrosas, pues todos los días los médicos decían que no tenía esperanzas.

Cuenta que esta verdad la supo hace muy poco, gracias a una lectura de tarot que luego reconfirmó con su mamá. “Esos secretos de familia que no terminamos de comprender por qué existen, pero fue así como me enteré de la verdadera razón por la cual nací prematura y vivo con esta condición”.

El haber nacido tanto tiempo antes de lo debido generó un daño cerebral que afectó su área motora; vive con hemiparesia espástica, es decir, debilidad muscular parcial del lado izquierdo de su cuerpo, pero sus capacidad intelectual está intacta.

Ha hecho en su vida lo que ha querido. Es exitosa, trabajadora y simpática; su mirada está llena de luz y afirma disfrutar de la vida al máximo. “Yo podría movilizarme mejor, pero un día –iniciando la adolescencia- le dije a mi mamá que estaba agotada de la fisioterapia y no volví más. En fin, yo no siento nada diferente en mí que en el resto de la gente. Soy así, listo; es más, muchas veces observo que la discapacidad de gran cantidad de gente que parece normal es mucho más grave que la mía porque la de ellos se trata de no ser capaces de mirar más allá, de pensar, de aceptar al otro”.

Cuando le pregunté qué sentía por su papá, respondió sin rabia, sin nostalgia, sin nada. “Un tiempo después que nací, mi mamá lo volvió a aceptar y se fue definitivamente cuando yo tenía como 10 años. Su personalidad era muy agresiva y conmigo fue tan distante que no me hizo falta en lo más mínimo. Recibí tanto amor y atención por parte de mi mamá, tías, abuela, nana, que no lo necesité. Hoy asumo que el sentimiento de culpa no lo dejaba acercase a mí y no lo echo de menos”.

Escucharla, observarla y disfrutar de su mujerabilidad es una experiencia extraordinaria. Le brillan los ojos cuando afirma que no se ha casado porque está esperando al correcto, que oportunidades no le han faltado, pero no se han concretado y tampoco es que está desesperada, ya llegará.

En definitiva es una de esas mujeres que nos ponen frente a frente con el poder de decisión que tenemos en nuestro fuero interno, porque el dolor está, pero podemos decidir sufrirlo o superarlo; porque la discapacidad está, pero podemos decidir padecerla o ser capaces de amarnos y aceptarnos, sin victimismo ni andar causando lástima.

Creo que solo con la fuerza que da el Amor, en especial por nosotros mismos, es por lo que un ser humano puede decidir vivir intensamente, sin importar las circunstancias pasadas, los errores de sus padres ni sus consecuencias en nuestro presente. Cada día estoy más segura de que ser feliz es una decisión interna que solo depende de nuestras ganas de serlo y ella es un ejemplo concreto.



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