¿Será que alguien arregla esto?

Seguramente varios de nosotros hemos pasado por situaciones laborales, sentimentales y de relaciones sociales donde sentimos que en nuestro entorno las cosas no van tan bien, que la responsabilidad de que puedan mejorar depende de otro y siempre salta la pregunta en nuestras mentes: ¿Será que alguien arregla esto?

Esta es una reacción normal del ser humano, pero no por normal debe ser necesariamente la correcta. Generalmente por un tema de evasión natural tendemos a buscar responsables fuera de nuestro ser y culparlos de las situaciones que nos suceden de forma cotidiana. Pareciera que requerimos constantemente de un ente regulador que nos ayude a solucionar las cosas, ponerlas en orden o simplemente arreglarlas.

Dentro de ese proceso de generación de controladores internos y externos, delegamos inconscientemente al controlador externo la responsabilidad de solucionar situaciones con las cuales sentimos frustración o incapacidad de solución, es por eso que inmediatamente buscamos fuera ese “alguien” (que generalmente no tenemos claro quién es) que resuelva la situación en la que nos vemos inmersos.

He comprendido en la vida que la gran mayoría de cosas que sentimos que no podemos resolver realmente están dentro del gran espectro de cosas que sí podemos solucionar nosotros mismos de alguna manera. ¿Por qué no nos atrevemos a solucionarlas? Es una buena pregunta, la respuesta: ¿Miedo? ¿Autoestima? ¿Conformismo? ¿Comodidad? No sé… No puedo ahora mismo achacarle esa reacción natural que tenemos ante estas situaciones a alguno de estos factores, porque puede que sea alguno de ellos, como pueden ser todos a la vez. Lo cierto es que en nuestro cerebro de forma independiente salta a esa búsqueda del “héroe” que arreglará las cosas y nuestra propia capacidad de ser parte de la solución se paraliza o se ve atrapada por conceptos pre-concebidos que hacen que no actuemos o hallemos nuestra propia solución al asunto, parecieran redes que limitan nuestro accionar como lo indica mi gran amigo Carlos Sánchez en su libro “Telarañas Mentales”, es por eso que surgen nuevas preguntas como: ¿Es que nadie piensa hacer algo?.

Es posible que a esta altura estés pensando “muchas veces la solución a las cosas no dependen de mí, no soy yo quien toma la decisión en asuntos que afectan la generalidad de lo que hago y eso lo debe hacer quien tenga esa responsabilidad” y es muy posible que tengas la razón, pero al final del asunto esa situación indudablemente te está afectando y si no buscas alguna solución que te beneficie seguramente afectará tu rendimiento, calidad de lo que haces y calidad de vida. Si bien no tienes la solución directa a cada situación que te rodea, seguramente tienes la posibilidad de elegir cómo afrontarás lo que te sucede, cuál será la actitud con la cual enfrentarás cada situación de la vida. Hay cosas que no podrás cambiar definitivamente, pero si puedes cambiar la forma como vez, afrontas y aceptas las cosas que te rodean. Recuerda que las cosas que te rodean cambian cuando cambias la forma de ver las cosas que te rodean.

Dios nos regala la maravillosa oportunidad de aportar desde lo que sabemos, lo que pensamos, desde lo que hacemos y nuestra actitud, no desperdicies ese don maravilloso para poder mejorar tu calidad de vida. No se trata solo de lo que los demás pueden hacer por mí o mi vida, es lo que yo puedo (por mucho o poco) aportar a los demás para que todos llevemos una mejor calidad de nuestras vidas.

Esto me lleva a hablarte un poco de Jhetro, el famoso suegro de Moisés, que aparece en el libro del Éxodo de la Biblia. Jhetro, un hombre duro, un poco oscuro, con poder y un poco alejado de la gente, logró ver como sus iguales se unían a vencer a Satán (contrincante en hebreo) y que todos los Israelitas se unían para vencer juntos sus dudas, entonces se dio cuenta que podía ser parte de la solución. Moisés, aun siendo un gran ser, tocado por Dios y de gran sabiduría siempre consultaba cosas con Jhetro y fue allí cuando el propio Jhetro entendió que no es sólo lo que aportas a tu vida, sino lo que aportas a la vida de los demás. Cambió su forma de pensar, se abrió a trabajar con otros porque comprendió que nuestro potencial no depende del trabajo individual, que la llave de la abundancia radica en el trabajo colectivo, Jhetro encendió la capacidad de trabajar en equipo y dejó a un lado el ego para ayudar a lo colectivo y en vez de esperar a que alguien resolviera las situaciones de los israelitas, decidió ser parte de la solución. Jhetro nos enseña que cada uno de nosotros somos responsables de la visión y enfoque que le demos a las demandas diarias de nuestra vida, lo que nos sucede es producto de lo que pensamos y lo que hacemos con lo que nos pasa.

Adelante! Sé cómo Jhetro, aporta desde lo que puedes aportar, se parte de la solución, activa el poder de lo común, de lo colectivo. Piensa y acciona cómo puedes ser ente de cambio y solución, no te dejes atrapar por los saboteadores internos que te dicen que alguien más debe hacerlo. Estoy convencido que el problema no radica en el problema mismo, el problema se encuentra en la forma como lo afrontamos y cómo pensamos en aportar una solución, como dice aquel famoso adagio anónimo: “Cuando sientas que no hay solución posible para tus problemas, crea alguna”.

Leyendo a John Maxwell comprendí que las palabras más poderosas de la gente que es exitosa son: Yo Puedo! – Una reafirmación que alimenta la confianza, empodera las capacidades y nos hace fuertes ante dificultades basados en nuestras potencialidades. La actitud que inyectamos a nuestra vida determina en gran parte cómo percibimos las cosas y cómo reaccionamos ante lo que nos sucede, lo que sin duda nos genera la posibilidad de tener soluciones a nuestro alcance sobre los retos que a diario aparecen en nuestras vidas.

Las personas que terminan siendo exitosas son aquellas que se reformulan nuestra pregunta inicial y terminan preguntándose: ¿Será que yo puedo arreglar esto? ¿Será que juntos podemos arreglar esto? Y seguramente consiguen la respuesta positiva a esas interrogantes.



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