Serendipia: Viviendo una vida con capacidad de asombro

Serendipia: Viviendo una vida con capacidad de asombro

Vivimos en este enorme vecindario llamado Vía Láctea y ocupamos un pequeño departamento al que bautizamos planeta Tierra, pero todos, en este estrecho espacio, cuando dejamos de buscar algo que tanto deseamos encontrar, por lo general, aparece.

Y aparece debajo del sillón, en la heladera, en un cajón o, incluso, en los etéreos confines de tu memoria (perdón por la metáfora). Y esto sucede en varias situaciones, por ejemplo, cuando buscas las llaves desesperadamente por toda la casa y, al mover los almohadones del sillón, descubres que están ahí; pero esto también pasa con el anillo que dabas por perdido, con el pedacito de pastel de la noche anterior que olvidaste haber guardado en la heladera, con aquella foto en la que estás con tus amigos de la infancia y que no sabías que estaba en tu cajón del día a día o con el recuerdo de los días felices junto a aquella persona que tanto significado dio a tu vida y pensabas que habías sacado de tu mente.

¿Te ha pasado? Seguramente que sí. Pero para que ese hallazgo ocurra, algunas funciones se deben activar, solo así podemos aprovechar el efecto Serendipia.

No reinventamos la rueda, pero nos sorprende las mejoras que tiene hoy

Muchos le asignaron como segundo nombre magia, pero la realidad es que Serendipia es una palabra que evoca la posibilidad de vivir experiencias inesperadas que, a su vez, fueron previamente deseadas. Se dice que su origen viene de un cuento, en el que tres príncipes, con un don muy particular, hacían grandes descubrimientos por accidente, descubrimientos que, curiosamente, resultaban beneficiando a todos; el cuento se llama «Los tres príncipes de Serendip» (la actual Sri Lanka), pero tuvieron que pasar muchos años para que se empezara a aceptar que esto también sucedía fuera de la ficción.

Y es que, muchos de los grandes hallazgos que revolucionaron la historia de la humanidad, sobre todo en las ciencias, ocurrieron bajo el efecto Serendipia. Te comparto un par que, sin duda, conoces:

  • Principio de Arquímedes: El monarca de Siracusa quería saber si su nueva corona estaba fabricada por las mismas cantidades de plata y oro que había entregado a su artesano, entonces, encargó a Arquímedes que buscase una manera de comprobar si su encargo era un fraude o no. Arquímedes, matemático y físico se encontró con un problema al cual no hallaba solución. Por fortuna, estando un día tomando un baño, advirtió que cuando introducía su cuerpo en la bañera, parte del agua rebosaba, siendo la cantidad exacta del peso que ocupaba su cuerpo.
  • Descubrimiento de la penicilina: En 1928, el doctor Alexander Fleming, durante una de sus investigaciones que dejó en suspenso, advirtió que en una de las placas con las que había estado trabajando (y que olvidó eliminar), se había cultivado una bacteria denominada Staphylococcusaureus y, a su lado, un hongo que paralizaba el crecimiento de la bacteria gracias a una sustancia que producía su muerte. Gracias al olvido del científico escocés, al día de hoy, se ha mejorado la calidad de vida de la especie humana y ha dado lugar a muchas más especialidades médicas.

Estos dos ejemplos son suficientes para invitarte a investigar sobre lo que ha ocurrido en nuestra historia en relación con el efecto Serendipia. Pero no quiero quedarme solo con la historia científica de este concepto.

Muchos autores han notado la importancia de entrenar «el músculo de la Serendipia». He aquí algunos de sus consejos:

  • Interactuar.
  • Aprender el arte de hacer preguntas.
  • Estar abiertos a respuestas inesperadas.
  • Diseñar ganchos de Serendipia.

Este último punto es fascinante y funciona en todos los niveles. De hecho, el empresario británico Oli Barrett nos dice al respecto: «Cuando me reúno con alguien por primera vez, y este me pregunta “¿A qué te dedicas?”, responderé algo como: “Me encanta conectar con la gente, monté una empresa en el sector educativo, recientemente comencé a interesarme por la filosofía, pero lo que realmente disfruto es tocar el piano». Para el común de la gente esta respuesta podría parecer errática, pero en realidad es un desencadenante de Serendipia: una pasión (conectar con las personas), una descripción laboral (dirigir una empresa de educación), un interés (la filosofía) y un pasatiempo (tocar el piano).Con su respuesta, da la oportunidad a otros de elegir el gancho que se relaciona con su vida y hace que sea más probable que ocurra la Serendipia.

Si entendemos el concepto, veremos que durante toda nuestra vida nos ocurrirán serendipias, tanto en aquello que consideramos «pequeño o insignificante» como en lo más trascendental. Quedará en nosotros identificarlas y disfrutarlas. Y recordemos siempre que son destellos de algo bueno que llega en un momento oportuno, solo nos queda estar atentos y abrazarlos. Pensemos como niños y no perdamos nunca nuestra capacidad de asombro.



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