Servicio al Dhamma: el mayor Dana

Cuando escribí “El fin de la desdicha”, opté por dejar fuera del título los términos dhamma y vipassana para que el enunciado no le sonara tan ajeno a algunos lectores, pero ya ha pasado un tiempo y todo merece ser llamado por su nombre. Además, las explicaciones tendrán su desarrollo más temprano que tarde.

Estas palabras están en pali que, más allá de ser una lengua muerta, es el idioma en el cual el Buddha enseñó y sirve para preservar el invaluable tesoro de sus frases. Aunque es injusto intentar traducciones partiendo de ese lenguaje, podría decirse que dhamma siginifica la verdad, la enseñanza, la ley de la naturaleza, así como también “fenómeno” y “objeto de la mente”. Dana, por su parte, se entiende como la virtud de donar. Así que un título alterno sería: Servicio a la verdad: la mayor caridad.

El escenario es el centro Venuvana, cerca de La Victoria, un hermoso lugar donde se imparten los cursos de meditación vipassana tal y como enseña S.N. Goenka en la tradicion de Sayagyi U Ba Khin. Allí tuve la oportunidad de aprender la técnica hace un par de años, recordando claramente la generosidad de los instructores y servidores que procuraron las mejores condiciones para nosotros los estudiantes. El servicio de cocina, limpieza y logística era de alto nivel, nivel de amor. Calcular cuánto le estaban pagando al personal por tan devota labor hubiera sido absurdo, ya que nadie estaba cobrando nada. Hablamos de personas que incluso invierten en traslado a nivel nacional o internacional y se alejan por semanas, meses o años de su cotidinanidad, con la volición de ayudar a otros.

Es admirable, inspirador, un ejemplo a seguir y aun así me tomó casi dos años hacerlo. Tiempo perdido. De hecho, había considerado tomar otro curso sentado antes de postularme como servidor, pero los cupos estaban tan escasos que decidí ofrecerme de voluntario para asegurar mi acceso al sitio, esa es la verdad. Pero no importa cuál sendero nos lleve al destino si al final se nos devela la causa. No es lo mismo ser un estudiante agradecido por la buena voluntad de los trabajadores que ser un trabajador y sentir esa buena voluntad hacia los estudiantes. Definitivamente es una labor de amor.

BuddhaUn día me desperté a las 3:45 a.m., tomé una ducha con agua fría de manantial mientras aún había neblina, fui a tocar el gong a las 4:00 a.m., luego a la cocina para sacar algún alacrán que estuviera rondando por el piso (no se puede matar a ninguna criatura) y empezar a cocinar para ochenta personas aproximadamente. A las 6:30 a.m. se sirve el desayuno en varias rondas hasta que todos los estudiantes estén satisfechos, luego desayunan los servidores y se friegan los utensilios hasta las 8:00 a.m. que toca meditar todos juntos. A las 9:00 a.m. se retoma la labor culinaria para tener el almuerzo listo a las 11:00 a.m., servirlo en varias rondas y fregar hasta la 1:00 p.m. cuando hay un receso antes de volver a meditar en grupo a las 2:30 p.m. Las 3:30 p.m. marca el momento de picar fruta para los estudiantes nuevos y preparar limonada para los antiguos, lo cual se sirve a las 5:00 p.m., pudiendo adelantar un poco del próximo almuerzo para finalmente ir a meditar a las 7:00 p.m., escuchar la charla de Goenka y seguir meditando hasta cerrar con Metta Bhavana a las 9:30 p.m.

No sé cómo pueda sonarle ese cronograma, pero al momento de llevarlo a cabo en ese lugar, junto a esos servidores a favor de aquellos estudiantes, solo sentí regocijo. Casi tanto como aquellos que tenían más tiempo dedicados a la labor. Aunque los géneros están segregados en el curso, los cuatro servidores hombres trabajábamos con las cuatro servidoras mujeres en la mayor armonía vivida.

Cada vez me sorprendía cómo salían alrededor de cinco platillos y dos infusiones por cada comida para esa cantidad de gente. La sinergia era impresionante, completos desconocidos obrando como hormigas siendo tan diferentes en caracteres y experiencia. Solo nos interesaba que los estudiantes comieran sabroso y nutritivo dentro del menú vegetariano, aun cuando no alcanzara para nosotros. Es la práctica de la renunciación en algunos casos. Aunque no se observa el noble silencio, sí se respeta la noble palabra, es decir, hablamos lo necesario, sin mentir ni referirnos a terceros ni usar lenguaje lascivo, mucho menos hablar de política, religión ni cualquier tema que pueda generar polémica. En ese marco, nunca imaginé reír tanto. El humor blanco, la simpatía, genuina alegría. Le agradezco inmensamente a mis gerentes Moisés y Junior, así como a mis compañeros Candy, Mariluz, Maricela, Irma, Gustavo y Frank por toda la paciencia que le tuvieron a mi inexperiencia en la cocina, todo el entusiasmo con el cual me ayudaron y todo el afecto que me brindaron.

Sé que fueron recompensados al instante, ya que un meditador vipassana conoce la ley de la naturaleza y sabe que así como perjudicar a otros lo perjudica a uno mismo, también ayudar a los demás le brinda paz. Al servir se desarrollan paramis, lo que permite un rápido y seguro avance en el camino. Algo que llamó mi atención fue una charla de Goenka sobre el servicio donde explicó que donar dinero es un acto noble, pero solo dura el instante en que se da el cheque o se hace la transferencia, independientemente del monto. La volición al entregar $1 o $100 es prácticamente la misma. Ahora, cuando prestas humilde servicio por diez días, la volición dura todo ese tiempo, cada segundo, cada minuto, cada día. Por eso es el mayor dana. Eso fue revelador y me hizo agradecer el haber tomado esa decisión. Claramente, la práctica se fortalece, aunque medites menos horas, el corto lapso es más intenso. Te ejercitas para mantener equilibrio en la mente y generar amor y compasión dentro del pequeño mundo del centro de meditación para actuar de la misma forma en el mundo exterior.

Todo lo que han hecho miles de personas por décadas, lo que hicimos unos pocos días y lo que harán futuros servidores como ustedes es mantener girando la rueda del dhamma para que todos los seres sean felices, estén en paz y se liberen.

¡Metta!



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