Si la vida nos sorprende

Hace unos años, mi cuñada partía sorpresivamente a una bastante temprana edad. Hacía años (muchos) que no la veía. Tuve la suerte de hablar largo y tendido por teléfono con ella un mes antes. Ella tenía planes de venir a visitarnos. Esto me impactó y decidí viajar para compartir tiempo con mis afectos (familia y amigos). Hace casi un mes, el atentado en el aeropuerto de Fort Lauderdale, adonde yo debía llegar, me volvía a sacudir. Ambos eventos, inesperados, pero posibles, me conmocionaron.

La muerte es algo natural y es una presencia en nuestra vida, pero nunca estamos preparados para recibirla de esa manera. Un atentado, un accidente, un hecho fortuito tampoco nos encuentran preparados. Pero esos momentos nos recuerdan que puede sucedernos a nosotros, como a cualquier otra persona. Los testimonios suelen comenzar con “nunca creí que me fuera a pasar a mí, parecía tan lejano”, porque siempre los vemos como espectadores. Pero, la realidad es que sí, cualquiera de esas cosas nos puede pasar.

No debemos esperar a llegar a esas situaciones para hacer cambios en nuestra vida. ¿Qué cambios? En realidad, no se trata de hacerlos, sino de vivirla. De un día a la vez. Centrados en el presente. Animados a emprender nuevos proyectos. Decididos a realizar los sueños. Estando abiertos a las experiencias nuevas dejando los temores (esos que existen en nuestra cabeza y con los que imaginamos más de una escena oscura, sin que siquiera haya indicios de ella). Viviendo nuestra vida degustándola, si no requiere cambios, disfrutando lo que tenemos, lo que somos. Agradeciendo conscientemente por todo. Con el agite diario olvidamos esto y a veces nos deslizamos día tras día sin vivirlos. Los perdemos.

Te invito a tomarte un tiempo cada mañana para despertar conscientemente, mirar a tu alrededor con agradecimiento, deteniéndote en los pequeños detalles. Camina tomando conciencia del piso. Durante el día, toma contacto con tu respiración, inhala y exhala estando presente. ¿Verdad que se siente un alivio impresionante al hacerlo? Mira y escucha a las personas con las que te relacionas. Presta atención a tus emociones y sentimientos. En definitiva, de lo que se trata, es de estar presente y enfocado. Un día a la vez. Un momento a la vez. Capitalizar lo que se vive incorporándolo a nuestro archivo maestro. No dejar pendientes, aquellos que con el paso de los años, se podrán presentar y recordarnos lo que pudo ser. No es difícil. Se trata de emprender ya, sin “tal vez” o “… y si?”.



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