Si tienes algo que decir ¡dilo!

«Mentir está mal», nos decían nuestros papas cuando fingíamos tener dolor de estómago y les decíamos que no queríamos ir al colegio. Y al ratito estábamos saltando y jugando como si nada.

Desde la infancia nos educan con la idea de que mentir no está bien, pero lo cierto es que todos lo hemos hecho en alguna ocasión. ¿Quién en su vida no ha dicho alguna vez una mentira ya sea para esquivar una situación o persona? El problema es que la mentira se ha convertido en una herramienta de defensa personal que se usa constantemente. Hoy en día, hombres y mujeres mienten sobre su edad, estado civil, estatus social y muchas cosas más.

cruzar dedosPero… ¿por qué mentimos? Hay diferentes razones por las que las que lo hacemos, siendo el miedo uno de los factores principales. El miedo… y miedo ¿a qué?, a pagar la consecuencia de la mentira, pudiendo ser una discusión con la persona, un alejamiento, o incluso una pérdida de la relación dependiendo del grado de la mentira.

Otras veces hay personas que no están satisfechas consigo mismas y en lugar de aceptar y trabajar en mejorar los aspectos de desconformidad, crean un mundo de fantasía para vender una imagen diferente de la que realmente es.

En ocasiones, la mentira también puede ser conectada a la inseguridad que experimentamos al pensar que no tenemos la capacidad de ser aceptados tal y como somos, y sentimos la tentación de adornarnos para causar una mejor impresión. Es por eso que en ocasiones también se miente para conseguir lo que queremos, es una forma de manipulación que nos hace pensar que solo mintiendo conseguiremos nuestro propósito, y lo logramos… ¡ya lo creo que lo hacemos!, pero a costa de la mentira.

Probablemente estés pensando que hay mentiras y mentiras. ¡Sí! Pero no dejan de ser mentiras. Dejemos de dar excusas diciéndonos que en ocasiones lo hacemos por la otra persona, o que la situación lo requería, ¡excusas! Lo que ocurre es que no queremos enfrentar la realidad o no tenemos las herramientas para hacerlo y nos escudamos en que estamos protegiendo al otro. Un ejemplo sería alargar la conversación con nuestros hijos de que papá y mamá se están divorciando. Sabemos que va a ser doloroso para ellos, pero en algún momento se lo vamos a tener que decir. Entonces… ¿Lo hacemos por ellos o quizás, solo quizás, porque nosotros no tenemos las herramientas para combatir todas las emociones que va a generar en nuestros hijos y nos van a generar en nosotros?. En mi opinión, mentimos por nosotros mismos. ¡Nos guste reconocerlo o no!

mentirosoMentir puede ser un recurso fácil, pero pregúntate si estás dispuesto a pagar el precio. Por lo general, cuando la mentira es desenmascarada (que la mayoría de las veces lo es), causa un sentimiento de molestia acompañado de dolor, ¡mucho dolor!, a la otra persona, y no solo por el hecho de que les mintieron, sino porque se sienten excluidos y eso produce mucha confusión. Al mismo tiempo, se rompe una ilusión con la persona que mintió y un sentimiento de alejamiento, el mismo alejamiento que decidió adoptar el mentiroso al ocultar la verdad.

No importa que el motivo de la mentira sea por no perder al otro porque lo aprecias, lo quieres o lo amas, en el momento que uno miente y es descubierto, el sentimiento de que le dejaste fuera de la ecuación aparecerá y eso producirá una marca entre los dos.

Así que… ¡tú decides! Pero mi sugerencia es que si tienes algo que decir ¡lo digas!



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