Silencio

s. m. Ausencia de sensación auditiva, necesaria para tener claridad de nuestros actos y pensamientos.

Como ovejas a paso acelerado, nos hacíamos camino a la salida del metro de Caracas, estación Capitolio. Las metas eran, entre otras, no ser atropellado por el río de gente que acompañaba, sortear vendedores de tarjetas telefónicas, mapas, cigarrillos y todo tipo de chécheres, y estar atento para que no me robaran el celular o la cartera. La firma de un documento requería ir a la oficina de Registro, y el auto no era opción por la falta de estacionamiento en el centro de Caracas.

Como si el tumulto no fuera suficiente, un encuestador encima de un taburete, preguntaba rápido y al azar:

– Señor, señora ¿qué le pide usted al gobierno?

Ignorado por la mayoría, anotaba algunas respuestas, entre serias e irónicas: ¡salud!, ¡trabajo!, ¡seguridad!, ¡pasajes y dólares!, ¡una casa!, ¡que me cambien a mi mujer!, etc. Una anciana, a la que todos esquivábamos porque no caminaba al ritmo del colectivo, volteó al encuestador y le dijo:

– Yo le pido silencio

Sin entender su solicitud, seguí mi camino. Dos horas después, ya firmado mi documento y casi registrado, debía esperar el horario de la tarde para recogerlo. Mientras los oficinistas almorzaban, caminé un rato buscando un banco para esperar, y terminé entrando en la Catedral, donde había muchos vacíos, pues no era hora de misa. En las primeras filas, la anciana de la estación estaba sentaba en una esquina. Como la curiosidad pudo más que el temor a interrumpirle algún rito, me presenté con respeto, y pregunté por su inusual solicitud.

– Si mijo, le voy a explicar. Yo soy devota de la Madre Teresa de Calcuta. Ella decía que el fruto del silencio es la oración, el de la oración es la fe, y de la fe nace el amor. El fruto del amor es el servicio. Al presidente y a su camarilla, los elegimos para servirnos, no para hablarnos sin oírnos. Estoy cansada del ruido.

Ahí concienticé, que estábamos siendo atacados. Algunos pueden haber recibido golpes y cárcel en el proceso, pero el verdadero maltrato socialista del siglo XXI, el que llega a todos, son los recurrentes discursos de odio, las cadenas y la propaganda. Dejaron de servirnos, para ocuparse en convencer y adoctrinar, para matar a la gente desde adentro, para envenenarnos de palabras. Con el tiempo y el desgaste dejamos de luchar y morimos de cansancio, mientras nuestras expectativas dejaron de ser la educación, una casa, un auto o una vida mejor, y se satisfacen con boletos de café.

En 2007, en Santiago de Chile, el rey de España Juan Carlos I, con una dosis de malacrianza y falta de protocolo, preguntó a Chávez: ¿Por qué no te callas? Me pregunto si lo que quiso decir fue: ¿Por qué no sirves a tu pueblo? El silencio es servicio.

LLDG-silencio600x375Luis dice que tenemos una boca y dos orejas, y eso tiene que significar que debemos escuchar con paciencia el doble de lo que decimos. Yo creo que tenemos el derecho a decidir qué escuchar, o parar de hacerlo si está llegando basura. Con tantas cosas buenas por oír, en la calle, en la red, o en la Catedral de Caracas, me niego a seguir envenenándome. Ya no los escucho, aunque sé que tiene sus desventajas. Entrené a mi oído para convertir sus palabras en ruido de fondo, y ahora todos hablan como la maestra de Charlie Brown. Les regalo el resto de la sabiduría de una anciana sin nombre, sentada ante el altar:

– Si quieres encontrar a Dios, Él no está entre el ruido y la intranquilidad, Él es amigo del silencio. Los árboles y la hierba crecen en silencio; las estrellas, la luna y el sol, ¿cómo se mueven? en silencio. Necesitamos silencio para tocar el alma de nuestro prójimo.

Como vivimos en la ironía, esto pasó en El Silencio, una zona antiguamente llamada El Tartagal (1567). Era un nombre más bonito, pero creo que estaban gritando mucho, porque una epidemia causó la muerte a todos sus habitantes, sin palos ni piedras. Así es el silencio, así es el servicio, cuando lo necesita, como nosotros en el metro, se abre camino entre la gente.



Deja tus comentarios aquí: