Simplemente María

Dicen que tenía entre 12 y 14 años, que estaba comprometida para casarse, pero un día un ángel se le apareció y ella aceptó el designio de su Dios. Le confesó en secreto a su prometido lo que había sucedido y él, luego de mucho pensar, lo asumió como suyo porque una mujer tan pura, como la que él sabía que era, no debía estar mintiendo.

No me puedo imaginar que algo así ocurriera en esta época. ¿Existiría el hombre con la suficiente confianza en su novia como para aceptar un planteamiento tan descabellado? ¿Existiría una muchacha que creyera en los milagros a tal punto como para asumir tamaña responsabilidad?

Más allá de si creemos o no en el nacimiento de Jesús del vientre de una virgen, el temple que debió tener María para asumir aquel riesgo, no puede ser el de una mujer sumisa con el aire angelical que nos muestran las imágenes.

La mujerabilidad de María se demostró en su madurez, en su coherencia, en su fe. Y eso es precisamente lo que muchas necesitamos para crear la realidad que deseamos en nuestras vidas.

María burló al sistema político de su época, apoyada por su esposo, cuando quisieron matar a su hijo recién nacido, lo crió lo suficientemente bien como para que contara con bases sólidas para convertirse en un líder de tal proporción que luego de más de 2 mil años, todavía miles de millones de seres humanos siguen su enseñanza de justicia y Amor.

María creó un hogar funcional con José, como solo una mujer consciente de la importancia de la familia puede hacerlo. José fue el padre emocional que todo niño necesita para desarrollar su personalidad. El Amor concreto fue el ingrediente fundamental de la educación del hombre que dividió la cuenta del tiempo en antes y después de él, gracias a una mujer que lo arriesgó todo porque creía en trascender gracias al Dar incondicional.



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