Simples lecciones de los que ya se fueron

A mi hermano Kike, que hace 10 años nos dejó una historia inconclusa, pero se fue con una misión cumplida.

La muerte, a pesar de ser tan natural como la vida, es uno de esos temas que nos cuesta manejar, al menos dentro de la cultura occidental.

Yo nunca le temí. Nací en una familia grande conocí a mis 4 abuelos, a 3 de mis bisabuelos, así que desde pequeña la vi, pasé por la etapa del duelo y el respeto y la vida continuaba. Sin embargo, en el camino perdí a personas muy cercanas, muy queridas, que se fueron muy pronto. Entonces la muerte empezó a rondar en mi cabeza y mi corazón desde otro punto de vista: de lo que queda pendiente.

Más que la muerte en sí, era la vida lo que me preocupaba. No es la incertidumbre de qué me va a pasar, sino el cómo he vivido mi vida, qué tengo pendiente, si he hecho lo que debía por mi, por mis hijas, por mi familia.

Bronnie Ware, una australiana que trabajaba cuidando a personas en su lecho de muerte, hizo una lista de las cosas que la gente lamentaba al enfrentarse con ella cara a cara, y escribió un libro: The Top Five Regrets Of The Dying: ?A Life Transformed by the Dearly Departing (Los 5 Arrepentimientos De Los Moribundos: Una Vida Transformada Por Los Seres Queridos Que Se Van). Y estos son los más comunes:

  • simple_leccionesMe hubiese gustado tener el valor de vivir mi propia vida, no lo que otros esperaban de mi. Este es el más común de todos cuando la gente mira hacia atrás y se da cuenta que no hizo realidad sus sueños y generalmente por una cuestión de elecciones.
  • Ojalá no hubiese trabajado tanto. ¿Les suena? Cuenta Bronnie que todos los hombres que atendió se arrepintieron de haberse perdido momentos claves en su familia, la adolescencia de sus hijos, el contacto con sus padres. Pero cada vez le pasa más a las mujeres.
  • Hubiese querido tener el valor de expresar mis sentimientos. Mucha gente prefiere callar para mantener la calma, pero termina sufriendo las consecuencias, incluso físicamente. Bronnie señala que si bien no podemos controlar la reacción de los otros al hablar honestamente, al final este cambio llevará la relación a un nivel de respeto mutuo o simplemente se termina una relación que de todas maneras hacía daño.
  • Hubiese querido mantenerme en contacto con mis amigos. La mayoría de las personas cuando nos enfrentamos al dilema de hacer rendir el tiempo lo primero que quitamos de la agenda son los momentos que disfrutamos con los amigos. Pero todos extrañan a sus amistades cuando está a punto de morir.
  • He debido permitirme ser feliz. Según Ware, es asombroso lo común de este deseo y que la gente, ya a punto de morir se de cuenta que ser feliz era una elección. No algo que toca de manera aleatoria a unos si y a otros no.

Como verán, las cosas que lamentamos, y por las que tanto le tememos a la muerte, son más básicas y sencillas de lo que creemos pero importantes. Nada grandiosas, pero son justamente las que dejamos por fuera.

La vida está llena de elecciones y si bien es cierto que no podemos darnos el lujo de renunciar a los trabajos para simplemente visitar a los amigos, pasear con los hijos y reírnos de tonterías, si podemos darles un sitio más alto en la escala de prioridades.

En cuanto a nuestra relación con los que se han ido, a veces no es fácil aceptarlo, ya sea porque sentimos que nos quedaron cosas pendientes o simplemente porque extrañamos demasiado. Pero todas la historias tiene una parte hermosa, y es esa la que podemos escoger para atesorar con nuestros recuerdos. Pensemos en lo que aprendimos y disfrutamos mientras estuvieron con nosotros. No importa por cuanto tiempo los tuvimos sino lo que aprendimos de ellos.

Hace poco el New York Times publicó una sección con la colaboración de los lectores llamada La Vida que Amaron, un hermoso homenaje a personas queridas que se fueron. Una reseña de las cosas que hicieron únicas a las personas que pasaron por sus vidas. Otra prueba que lo que la gente más valora son momentos de felicidad.

 



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