Sin salud, nada tiene sentido

Sin salud, nada tiene sentido

Es gélida la noche de quien carece de salud. El invierno será constante, el cuerpo, atenazado por los síntomas, deambulara  por los senderos de la infelicidad. Los fármacos y su capacidad anestesiante, contribuirán al autoengaño. En el fregadero de la consciencia, cada uno preparara nuevas justificaciones. Para algunos será cuestión del destino, para otros, de la mala suerte; desde lo esotérico algunos lo asociaran con el karma, supuestas deudas de otras vidas que están siendo cobradas en la actualidad. Pocas personas, en un acceso de lucidez, generaran otra mirada y luego de abrir un espacio de reflexión, germinan la sospecha, de que en realidad, algo están manejando mal en sus vidas.

La duda es siempre bienvenida, por que inaugura preguntas que  se convierten en búsquedas que  en algún momento terminan encontrando o construyendo las herramientas  con las cuales se fabricaran las alternativas de solución. No debemos olvidar que somos un microcosmos, es decir una partícula del universo que  refleja con sorprendente nitidez, esa complejidad  biológica que se inicia con una danza de átomos , de ondas y partículas y que sigue un orden holográfico donde cada parte refleja el todo.  En nuestro caso, somos biología organizada en un cuerpo, con áreas especializadas en función de circunstancias de adaptación y evolución, regido por leyes que podemos usarlas a nuestro favor a condición de cumplirlas, resulta elementalmente obvio que podemos aprender a administrar nuestra salud, con eficiencia y eficacia, especializándonos en preservar nuestro cuerpo en todas sus instancias, en un funcionamiento armónico.

Para ello será preciso dotarnos de la capacitación pertinente. Necesitamos conocer cómo funciona nuestro cuerpo y antes de ello, recuperar  la responsabilidad de su administración, de manos del técnico-medico, especializado en enfermedades, para retomarla en nuestras manos, bajo responsabilidad personal. Será necesario también, descartar temores y toda forma de dependencia a los fármacos. Disponemos de una fuerza autocurativa que puede activarse, desde el pensamiento positivo y la visualización sanadora, no debemos olvidar que los estados anímicos  se conectan poderosamente con  nuestro sistema inmunológico, podemos enfermarnos o curarnos, a partir de lo que creemos.  Los pensamientos negativos martillean  nuestra capacidad inmunológica, los fármacos maquillan el malestar, disfrazándolo, olvidando que cuando el síntoma llama a la puerta, nos trae una señal de la urgencia de algún cambio en nuestro estilo de vida.

Oscurece gradualmente la existencia de quien no contempla estas premisas. Los miedos permanecerán adheridos  a cada circunstancia vivida, la confianza en uno mismo, permanecerá rota, la salud postergada, mientras no se descarten algunas creencias  y se construya  otra mirada que luego se traduzca en una forma de vivir, que genere salud y con ello, felicidad. No se trata de saber muchas cosas, se trata de aprender a vivir y al interior de ello, de aprender conservar la salud, de volverse especialista en la salud personal, ello incluye, saber exactamente la dieta ideal que cada uno requiere, en la edad que se encuentra. Si a ello se  suma el contacto con la naturaleza y el aprendizaje del sagrado arte de la felicidad, el itinerario estará completo.  No debemos olvidar, complementariamente, que a pesar de tener éxito en otras áreas, sin salud, nada tiene sentido.



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