Sin violencia individual, no hay violencia colectiva

Sin violencia individual, no hay violencia colectiva

Hoy puede que no te des cuenta de ello, pero un día, cuando te vuelvas más consciente, entonces dirás, «¡Dios mío! Esta herida fue infligida por mí –sobre mí mismo». Habías dañado a otra persona pensando que las personas son diferentes. Nadie es diferente. La existencia entera es una, una unidad cósmica. De esta comprensión surge la no-violencia.
Osho

Al igual que muchos expertos en el estudio de la conducta humana, soy una convencida de que las manifestaciones de violencia social, como el odio hacia quienes piensan o son diferentes, la delincuencia, las guerras y el terrorismo, constituyen la expresión a gran escala de la violencia individual sumada y cuyo origen se observa en la calidad de los vínculos dentro del hogar durante la crianza y la convivencia.

Es muy fácil darse cuenta de cómo el mundo se encuentra terriblemente afectado por hechos de violencia, lo difícil es darnos cuenta de cómo la violencia forma parte de cada uno de nosotros. Acusamos violencia en los demás, al tiempo de invisibilizar la violencia que llevamos y expresamos nosotros mismos, con el resultado de quedar todos apabullados en un círculo de autodestrucción.

Respondemos a la violencia, con más violencia. Justificamos el daño, el insulto, el maltrato al prójimo desde el hecho de haber recibido lo mismo. Así, ojo por ojo, como decía Gandhi, nos vamos quedando todos ciegos.

Para acabar con el círculo vicioso de violencia y dar paso al círculo virtuoso de relaciones basadas en cultura de paz, compasión, respeto y dignidad, es necesario detenernos un momento y reflexionar sobre nuestra responsabilidad individual. En lugar de reaccionar ciegamente, por impulso, sin pensar ni orientar constructivamente nuestras emociones, hagámonos responsables de ellas -sean provocadas por las razones que sean- y busquemos salidas para encauzar su expresión sin dañar a otros o a nosotros mismos. Nos diferenciamos del resto de la especie animal porque somos seres racionales, somos mucho más que puro impulso o puro instinto. Los seres humanos tenemos la cualidad de pasar los impulsos y todo aquello que sentimos por el tamiz de la razón antes de actuar, lo cual nos permite orientar nuestra conducta a partir de nuestra ética y nuestra decisión personal. La rabia, la tensión, el miedo lo podemos transformar en acciones constructivas a partir del uso de nuestro libre albedrío. Es nuestra decisión. Por otra parte, aunque a veces no seamos conscientes de ello, todos somos buscadores de paz. Si miramos bien, nos daremos cuenta de que el fin último, el propósito final, de toda acción y toda búsqueda personal es conseguir paz, sentir paz.

Si queremos cambiar este orden predominante de daño y autodestrucción, es imprescindible hacer autocrítica y admitir de qué modo con nuestra conducta en el diario vivir estamos contribuyendo a sumar dosis infinitas de daño y de violencia que luego se traducen en el caos, la división y el odio entre ciudadanos, la delincuencia, las guerras, el terrorismo… que signan nuestro planeta y nos conducen hacia la depauperación de la calidad de vida y hacia nuestra propia declinación como especie. Hacer el trabajo de autoconocimiento, autoevaluación y comprometernos en el objetivo de transformación individual, es la única vía posible para lograr que la cultura de paz, prevalezca sobre la violencia, comenzando desde la influencia que ejercemos con nuestros actos dentro de nuestra familia, desde donde todo parte y se derrama hacia la comunidad, el país, el planeta.

La no violencia no se instala por sí sola ni por pura invocación. Hay que trabajarla, hay que construirla. Ejercitemos a diario -y sobre todo en momentos de tensión personal o social- la serenidad, la empatía y la tolerancia hacia quienes nos rodean y frente a quienes piensan distinto.

A cada uno de nosotros, como individuos, se nos impone el enorme compromiso de considerar el bien del colectivo por encima de nuestros propios impulsos y reacciones. De nuestro cambio de actitud individual dependerá que nos encaminemos hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado. Todos somos parte de esta gran familia humana del Planeta Tierra y todos por igual nos merecemos un hogar, un país, un mundo donde se enseñoreen la civilidad, el respeto y la convivencia pacífica. Es lo que queremos para nosotros y para nuestros hijos y nuestras hijas.

No permitamos que nos devore el círculo vicioso sin fin del odio y el enfrentamiento entre hermanos. Ahora más que nunca se nos exige una prueba de madurez y de sensatez. No respondamos a la violencia con más violencia. Paz.



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