Sincronicidad, Eduardo Punset y pasado:

Mi primer contacto con www.inspirulina.com fue inicialmente un ameno intercambio de correos electrónicos que terminó siendo un reto y una posibilidad cierta de volver a Punset y repasar, en algunos de sus libros, conceptos útiles para compartir o generar un buen ambiente de conversación por esta vía. Indudablemente Inspirulina tiene una innegable capacidad de atracción y es que quizá el tener la responsabilidad de ser espacio de acercamiento es algo que aglutina voluntades de manera inmediata. Mi email con Eli Bravo comenzó por invitarle a comentar algo sobre sincronicidad, ese concepto desarrollado por Jung y Wolfang Pauli, que teoriza sobre la posibilidad de coincidencia de dos o más eventos relacionados entre sí de forma no casual, cuestión que ofrece de inmediato la posibilidad de discutir acerca del valor real en las relaciones de los conceptos de azar, causalidad y casualidad, dando otra dimensión al paradigma tiempo/espacio, energía indestructible, causalidad y sincronismo. Ya luego me pareció apropiado sugerir que se detuviera a pensar sobre el valor cierto del pasado en nuestras vidas y que igualmente comentara algo al respecto, si le parecía interesante, el me devolvió el reto con una invitación a participar y escribir algo sobre esto.

Por lo general se nos dice que no debemos vivir en el pasado, al menos no atado a él, y resulta que el pasado y la forma como está estructurado en nuestra mente es clave para vivir nuestro presente y hasta predecir nuestro futuro. Según comenta  Punset en muchos de sus interesantes libros, como en “viaje al poder de la mente” o “excusas para no pensar”, recordar e imaginar tienen los mismos circuitos cerebrales, es decir que imaginar futuro y recordar pasado son entramados muy similares. Para algunos de los eminentes científicos entrevistados por Punset a través de los años, el proceso cierto que involucra memorizar es aún desconocido, y para algunos físicos todo lo que vemos es pasado en realidad, al menos en cuanto a su posición en el tiempo y el espacio. Asi que el pasado está lleno de imágenes, recuerdos, vivencias, experiencias, con las que desarrollamos un modelo coherente de “pensamiento”, influenciado por genética, ambiente, cultura, valores, etc, y con estas herramientas vemos lo que vemos y nos proyectamos al futuro, cosa que por cierto no hacemos tan bien.

Al pasado hay que darle un lugar preponderante, hay que analizarlo, desmenuzarlo, fragmentarlo, entenderlo y hasta honrarlo, para elaborar un hoy más placentero, todo ello sin ser esclavos de ese pasado, ni muy ligeros con este presente. Las neurociencias en su afán por entender el intrincado y complejo sistema de trabajo de la mente humana han ido dando pasos firmes en la comprensión de nuestros procesos mentales y están sentando las bases de un entendimiento más transdisciplinario, holístico, humanístico e integral de psiquis, mente, intuición, instintos, emociones, razón, espíritu y alma.

La manera como trabaja la mente y el trabajo cerebral es aún desconocido, poseemos un porcentaje pequeño de conocimiento en esa área, sin embargo hoy sabemos, al menos parcialmente, porque un órgano como el cerebro humano a quien le corresponde un 2% del peso corporal total consume un 25% de nuestra energía, la razón de ello es que la mente humana trabaja (piensa) aun cuando no sabemos que lo hace, al parecer corteza prefrontal e hipocampo se mantienen activos, el primero hurgando en nuestro pasado y el segundo buscando motivaciones y planificando futuro, es un trabajo continuo llamado red por defecto que consume mucha energía.

Sabemos que vemos mejor nuestro pasado y planificamos o predecimos no tan bien nuestro futuro, quizá por eso nos encanta consultar a otros a la hora de pronosticar. Lo cierto e innegable es que desde la estructura ordenada y “sana” de nuestro pasado podemos tener un mejor presente. Olvidar rápido, tener memoria breve, hacer esto sin prestar atención, nos puede condenar a cometer los mismos errores, vivir las mismas experiencias y repetir lecciones hasta entenderlas cabalmente.

Somos responsables de todo cuanto hemos vivido, somos los protagonistas de esa historia personal que elaboramos día a día, somos el único factor común en nuestras “realidades” de vida. Algunas de esas experiencias involucran eventos de sincronicidad, no casuales, y la mayoría de estas experiencias han sido enfrentadas con el peso de nuestro pasado, lo que vemos hoy es pasado, y es posible mirarlo a través de recuerdos que están en una memoria que aún no tiene un espacio físico especifico en el cerebro; los archivos de la memoria están regados, y ese proceso hay que alimentarlo, ejercitarlo, cuidarlo y atenderlo como es debido. Nos corresponde en algún momento aprender y desaprender, sin olvidar, nos corresponden ocuparnos con seriedad de nuestro pasado para ir al presente y hacerlo más grato.

Es necesario entender la felicidad como lo que es, emoción transitoria que origina un instante breve de orden en complejos sistemas de caos, un caos evolutivo en donde algunos procesos mentales son desconocidos y en donde indudablemente el pasado es vida, carga heredada, experiencias o vivencias propias y ajenas de pasado hechas vida.

La recomendación final es animarlos a leer la trilogía literaria e interesante de E Punset, “el viaje al poder de la mente”, “el viaje a la felicidad”, “el viaje al amor”, y si alcanzamos más tiempo y estamos motivados ir hasta “el alma está en el cerebro” o “excusas para no pensar”, libros interesantes, útiles, escritos de manera muy práctica que resumen el caudal informativo que durante años ha recogido este autor catalán en entrevistas a notables y eminentes científicos de primer orden y sobradas cualidades intelectuales.

Jesús Zurita Peralta, 27 de febrero de 2013

 



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