Sobrepeso y obesidad ¿culpa de nuestros genes?

Ya no es una hipótesis, es una realidad: la obesidad se ha transformado en un problema de salud pública global, al punto de que ya se habla de la Globesidad. Muchos factores entran en juego para disparar un aumento de peso en el ser humano, pero últimamente se ha comprobado que nada resulta tan determinante como los genes. No es que sean los genes los que engordan, eso solo ocurre si comemos en exceso. Pero si tenemos genes que nos predispongan al sobrepeso, es asunto de abrir la boca y ensanchar el vientre.

José María Ordovás es experto en nutrigenómica en la Universidad de Tufts en Estados Unidos. Ha pasado los últimos 20 años estudiando la conversación que sostienen nuestros genes y el medio ambiente. Su objetivo es entender por qué ciertos factores externos disparan respuestas genéticas, y más importante aún, cómo suceden las mutaciones ante los cambios en el entorno.

En una fascinante entrevista con Eduardo Punset para la serie Redes de la Televisión Española, Ordovás explica que nuestra carga genética es producto de un largo proceso de adaptación. Esto brinda unas características propias a cada raza, e incluso, a los seres humanos de una comunidad específica. En ese proceso de adaptación nuestros genes han aprendido a adaptarse a los alimentos disponibles, permitiendo que el cuerpo los digiera y asimile mejor.

Un buen ejemplo es el de la leche y la lactosa. Los europeos toleran los lácteos mejor que los asiáticos. La razón es que hace 8 mil años en Europa central los pobladores vivían en un período de escasez alimentos y comenzaron a beber leche de animales domesticados. Así sus cuerpos, y sus genes, se acostumbraron al nuevo alimentos. Los asiáticos por su parte nunca han tomado mucha leche. Si entendemos que el ser humano es el único mamífero que sigue consumiendo leche tras los primeros años de crecimiento, lo lógico es que la intolerancia a la lactosa se presentara en todos los humanos. Pero los europeos, por necesidad, sufrieron una mutación genética que les permitió sobrevivir en ese momento y aún conservan. Los asiáticos, expuestos cada vez más a los lácteos, están en el proceso  de cambio genético y adaptación. Es cuestión de tiempo para que la toleren sin problemas.

¿Qué tiene esto que ver con la obesidad? Entre la información que guardan los genes está la capacidad de “ahorrar” recursos. En sociedades que han pasado por procesos históricos de hambrunas, los individuos activan el gen ahorrador para aprovechar al máximo lo poco que consiguen y así almacenarlo en el cuerpo.

“La obesidad es una de las cosas más complejas con la que nos encontramos” comenta José María Ordovás en la entrevista con Eduard Punset. “La evolución nos ha diseñado para sobrevivir y para extraer del medio ambiente todo lo que podamos. Algunas sociedades han sido más afortunadas por un período de tiempo histórico más largo y no han tenido que desarrollar tanto esos genes ahorradores”. Pero si ese gen está presente, y de repente el individuo se expone a una sobre oferta de comida, el resultado es que come en exceso y acumula todo lo que puede. El resultado es claro. Engorda inmediatamente.

Un caso típico es el de los hispanos que inmigran a los Estados Unidos. Muchos de ellos tienen el gen ahorrador, y ante la avalancha de comida chatarra, cambian sus hábitos y consumen nuevos alimentos que su organismo no sabe procesar.

“Hay incluso sectores de la población que tienen acceso a una mejora económica que les da acceso a esa alimentación abundante que antes no tenían” continúa Ordavás. Esto explica el incremento de la obesidad en China, donde el boom económico ha transformado la dieta de una sociedad que ha pasado por severas hambrunas, algunas de ellas en el siglo XX.

A lo que apuntan científicos como José María Ordavás y otros expertos en nutrición y genética, es que debemos entender el peso de los genes a la hora de enfrentar la obesidad. Y también, que no es posible diseñar una sola respuesta para todos los seres humanos. Claro que el principio de una alimentación balanceada, sin excesos, y una vida activa son claves para evitar el sobrepeso. Pero no pueden obviarse los cambios culturales y económicos que viven individuos y sociedades para entender porque se desata una epidemia de obesidad.

Hoy en día una parte de la población global tiene acceso a alimentos que hace años estaban fuera de su alcance. “La globalización ha cambiado el estilo de vida de los pueblos” dice Ordavás “Hemos roto el coloquio entre los genes y el medio ambiente. Podríamos decir que la mejor dieta es la de nuestros abuelos o bisabuelos, porque ellos mantenían el balance entre los alimentos disponibles en su entorno y su carga genética”

Y tiene sentido. ¿Te imaginas la infancia de tu abuelo rodeado de toda la comida que hoy en día consigues en el supermercado?

Sus genes no estaban preparados para tantos sabores, calorías, preservativos y comidas exóticas. Nuestros genes tampoco.

 



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