Sobreviví sin papá

Una vez papá no estuvo, dejó de llamar, de llegar, de estar. Tenía 7 años y no comprendí nunca la razón por la cual «no me quería»; y es que una niña no razona, sólo siente la ausencia, en su alma está el dolor de no merecer el amor de papá.

Esta historia se ha repetido y sigue repitiéndose en muchos rincones del mundo. Cuando llegamos a la adultez, reencuadramos el abandono de muchas formas para poder sobrevivir, porque lo que ocurre es exactamente eso: sobrevivencia.

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Unas deciden vengarse y pasan la vida abandonando hombres, otras repetimos el mismo patrón quinientas veces, seleccionando parejas distantes, poco amorosas o que se las traga la tierra sin pronunciar una palabra. Muchas dicen que no importó que papá no estuviera, pues con mamás como las nuestras basta y sobra. La perla máxima es de quienes plantean que con tantos padres presentes, pero disfuncionales, es mejor que no estén. En fin, ¿quién dijo que se necesita un buen padre para ser feliz?

¿Qué podemos sobrevivir? eso está clarísimo. Muchas lo hemos hecho y seguimos haciéndolo, pero creo que el reto es aprender a vivir.

Cada historia personal vinculada con ausencia paterna es única y dolorosa. El reto de nuestra mujerabilidad está en reconstruirnos, pero en especial, en buscar caminos para cambiar la eterna repetición del ciclo de hombres «abandonadores» en nuestras vidas.

Reconozcamos que sí necesitamos a papá, que no es mejor solas, porque si el trabajo en equipo es más efectivo que en solitario, mucho más lo debe ser si el equipo lo forman papá y mamá, y eso es construir familia.

Hoy en día hay muchas formas de familia, con vínculos antes impensables, pero no me refiero a eso. Se trata del soporte, la comprensión y la ternura que una niña necesita de su papá para sentirse protegida y crear bases sólidas para su seguridad en la vida adulta.

sobrevivi-sin-padre2Nos invito a comprenderlo en profundidad, a fin de poder brindarles a nuestras hijas los padres que necesitan.

Nosotras nos podemos separar de ellos, pero que ellos no lo hagan de sus hijas, podemos pelear con ellos, pero que el pleito no sea con las niñas, podemos alejarnos de ellos, pero que la lejanía no sea padre-hija.

Si nuestras relaciones se terminan, que nuestra mujerabilidad nos lleve a promover que la relación padre-hija se mantenga, porque solo desde ese amor, ellas podrán tomar las decisiones que las hagan felices, habremos cambiado las historias de abandono por fórmulas positivas y estaremos cambiando nuestro propio sobrevivir por un vivir sano y más armónico.



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