Soledad ¿buena o mala compañía?

Soledad ¿buena o mala compañía?

Debo confesar que es un tema muy cercano a mí. Vivo solo. Y cuando conversas al respecto entre familiares y amigos, las opiniones son tan diversas, a favor o en contra, que se hace difícil encontrar un punto medio. Pero, a ver, intentémoslo.

Según el diccionario de la Real Academia Española soledad se define como carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Debo confesar que me parece un término muy ligero. A mi modo de ver habría que enmarcar la soledad tanto en tiempo como en espacio. Por ejemplo, puede que estés solo porque debes estudiar o trabajar en otra ciudad o país por un tiempo determinado o que tu soledad esté limitada al lugar donde vives.

La soledad por periodos cortos puede ser útil para trabajar, estudiar, descansar o meditar. Generalmente, cuando se extiende en el tiempo, es que pudiera estar relacionada con algunos eventos patológicos como la incapacidad de establecer relaciones efectivas con los demás. Claro, como todo en la vida, hay excepciones como la de los monjes que en búsqueda de lo divino, de sentir la presencia de Dios y su unión con el universo, permanecen aislados durante años.

La soledad puede ser física o mental. Física cuando no te haces rodear de gente y mental cuando, a pesar de estar en un sitio repleto de personas, logras un nivel de concentración tal que te permite ignorar las distracciones externas. La soledad también puede ser emocional cuando el individuo se siente aislado a pesar de tener una red social normal. Esto último me recuerda una canción que dice “estar contigo es estar solo dos veces”.

Claro, todo depende de la actitud que se tome frente a esos momentos de soledad. Si los utilizas para meditar, conocerte a ti mismo, crear, hacer actividades que te gustan como escribir, leer, estudiar o ver películas, etc., no podría considerarse patológico. Caso contrario cuando estar solo va acompañado de síntomas de ansiedad, depresión, alucinaciones, distorsiones de la percepción y del tiempo.

Pongámosle ahora un toque de ciencia a este cocktail. Una investigación llevada a cabo en 2006 con 2800 mujeres que padecían cáncer de mama determinó que aquellas mujeres que tenían escaso contacto con familiares y amigos tenían cinco veces más posibilidades de morir que aquellas con una vida social más prolija.

Por otro lado, psicólogos de la Universidad Estatal de Ohio y de la Universidad de Chicago demostraron que personas socialmente aisladas son mas propensas a sufrir inflamación crónica. Esta está relacionada con una mayor liberación de cortisol -hormona muy familiarizada con el estrés- alteración del sistema inmunológico y una mayor propensión al cáncer. La doctora Lisa Jeremka de la Universidad de Ohio afirma que “si se está solo se puede tener un nivel de inflamación mayor sin importar si se padece de una enfermedad crónica”.

Lamentablemente cada día aumenta el número de personas solas en el mundo, sobre todo ancianos. Por ejemplo, en el Reino Unido, la mitad de los ancianos mayores de 75 años viven solos. De estos, uno de cada diez padece de síntomas de soledad aguda.

Como conclusión, la soledad puede ser un momento o tiempo que podemos explotar y explorar al máximo. Sin embargo, también debemos ser lo suficientemente sensibles para identificar cuándo constituye una entidad patológica como para buscar ayuda adecuada. También deberían crearse grupos de apoyo en la sociedad para asistir a aquellas personas que se encuentren en situación de aislamiento o soledad, sobre todo ancianos.

Y, si en algún momento te toca, es buena la propuesta que le hace Drexler a la soledad en una de sus canciones “creo que pasaremos juntos temporales, propongo que tú y yo nos vayamos conociendo”.



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