Soltarnos y brillar

Cuando vivimos situaciones que creemos difíciles, de incertidumbre, o en los momentos en los que pensamos que estamos en peligro, solemos aferrarnos de lo primero que vemos. A veces son personas, otras veces cosas materiales y otras el pasado. Somos como niños en la puerta del jardín de infantes, que no quieren soltarle la mano a su mamá porque se encuentran ante algo desconocido, una nueva etapa.

Pero en algún momento mamá suelta la mano y debemos seguir adelante. Si nos aferramos de personas, recordemos que estas en algún momento deberán continuar su camino libremente, si lo hacemos con las cosas materiales, sepamos que no son eternas; y si lo hacemos con el pasado aprendamos que no existe, porque la vida es aquí y ahora.

Si hay algo de lo que sí podemos tomarnos siempre, es de nuestra fuerza espiritual interna. Dios está en cada uno de nosotros, como una fuente energía amorosa para orientarnos en cada paso, proveernos de lo que necesitamos para resolver toda situación que la vida presenta, y darnos respuesta cuando lo necesitamos. Así nunca nos sentiremos solos, aislados o desprotegidos, pues contaremos con una seguridad absoluta que nos permite caminar por el mundo sabiendo que vamos bien asistidos.

Es ahí cuando suceden los milagros y para darnos cuenta de eso, es importante soltarnos de las cadenas que nosotros mismos nos hemos puesto. Esto no quiere decir que vamos a dejar de contar con nuestros seres queridos o que dejaremos de acompañarlos, pero lo haremos desde un lugar más íntegro e invitando a la evolución. No esperemos que algo o alguien aparezca y nos solucione los problemas, hoy podemos elegir hacernos cargo de la experiencia que estamos creando y así descubrir cuan brillantes somos.



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