Somos influenciables: víctimas y victimarios

Es natural creer que los principios, valores, y creencias con las que navegamos nuestra vida son nuestros. Pero la verdad es que vienen formándose mucho antes de que hayamos nacido. Vienen de nuestros padres, de los padres de nuestros padres, de pasadas generaciones, de la sociedad y cultura en la que nacimos, de otras culturas y sociedades; en fin, de un sinnúmero de vertientes que se mezclan y mutan hasta llegar a nosotros.

Al nacer, nuestra personalidad es muy frágil e influenciable. Todos los mensajes, experiencias, relaciones y contactos que tenemos durante nuestros primeros años de vida influencian grandemente nuestro desarrollo como seres humanos. Por ello es importante tener en cuenta todo esto antes de llegar a conclusiones sobre alguna persona y los actos y comportamientos que realiza.

Hemos visto con rechazo las acciones de Anders Behring Breivik, quien mató a 76 personas en Noruega. Se le ha tratado de loco, lunático, asesino, y un sinfín de adjetivos que a mi parecer tienen por finalidad dar una explicación lógica a este hecho y a sus acciones. Pero, ¿el ponerle adjetivos nos da una verdadera explicación?. ¿O es sólo una píldora que nos ayuda a evitar una realidad mucho más cruda y dolorosa?

Lamentablemente, Anders Behring Breivik es el reflejo y el resultado de una realidad social que se encuentra entrelazada de alguna manera en la vida de cada uno de nosotros. ¡Queramos verla o no!. La gran mayoría de nosotros crecemos sin una verdadera identidad, bajo la influencia de un núcleo familiar y social que también carece de identidad. Nos crían, enseñan y educan con mensajes que provocan una división interna, y que luego, como adultos, pocos logran integrar. Los mensajes pueden ser tan sutiles como “los hombres no lloran” o tan directos e intensos como “los que practican el Islam son terroristas”. Siendo esto así, ¿tendremos identidad si oímos repetidamente estos mensajes y vemos alrededor que se comportan siguiendo estas creencias?

Lo fuerte de esta realidad es que para Anders Behring Breivik sus acciones están y seguirán estando justificadas basado en los mensajes que recibió y sigue recibiendo, y que están en armonía con la forma como desarrolló su identidad. Es posible que en sus acciones no podamos entenderlo, pero ¿qué hay del padre que golpea a su hijo por haber salido mal en la escuela?

Se le puede adjudicar cualquier cantidad de adjetivos y calificativos que se nos ocurran, pero esto hace es sólo tapar el sol con un dedo. Bajo esta perspectiva, Anders Behring Breivik actuó basado en sus creencias, y como él existen una innumerable cantidad de individuos en busca de una razón para su existencia. Lamentablemente la buscan en líderes, creencias, culturas y credos, sin darse cuenta que la verdadera identidad está dentro, tapada y oculta, a la espera de ser descubierta.  

 



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