Somos inocentes

En mis consultas y en la vida cotidiana me encuentro con personas que dan muchas explicaciones sobre las conductas de los demás señalándoles como los culpables de sus desdichas. Incluso justificando sus conductas de depresión, ira, y denánimo porque «el otro no me hace feliz».

Y yo les pregunto tras tantas explicaciones, ¿De qué te sientes culpable, por qué? Cuando apuntamos tanto a los demás es porque nos cuesta mirarnos a nosotros, y admitir que en el fondo no me perdono a mí mismo porque no sé salir de una relación tóxica, porque no sé valorarme como persona, porque creo que me falta fuerza para ir tras mis sueños, etc. Entonces proyecto en los demás la rabia que en realidad siento hacia mí.

¿Pero cómo es esto posible? Se estarán preguntando. ¿Cómo, si él otro realmente me hace la vida a cuadritos? La vida es como un gran salón de baile, eliges con quien pasar la velada, cómo, a qué hora, con quien bailar, y si te sacaron a bailar tú aceptaste hacerlo. Elegir es una gran posibilidad humana, pero en el fondo nos da miedo hacerlo y nos da rabia no haber tenido la madurez para elegir otra cosa, así como no tener el valor para decidir nuevamente. Puede que nos de ira recomenzar, soltar el control, dejar de cambiar el otro y cambiar yo, nuestras elecciones tienen consecuencias. Así que asumir nuestra responsabilidad sigue siendo la clave para resolver lo que creemos no tiene solución. Abrir los ojos, darnos cuenta de por qué estamos donde estamos y para qué nos sirve es el comienzo de la transformación.

somos-inocentesSin embargo luego que nos damos cuenta y admitimos que nos sentimos culpables, el otro paso es recobrar nuestra inocencia. Somos inocentes. Aprendimos conductas de nuestros padres y ellos de los suyos. Toda aparente equivocación nos trae lecciones. Al asumir esto, liberamos una pesada carga que llevamos a cuestas. Hemos creído que siempre podíamos tomar una elección mejor y eso ha hecho que despreciemos la vida que tenemos. Lo vivido ya fue vivido y nos trajo hasta aquí. Estar molestos con el pasado no sirve de mucho. Es más liberador honrar nuestra historia, entender que estamos sostenidos por nuestro Ser, por nuestra luz, pero que nuestra sombra también pertenece. No admitirlo no nos hace santos ni mejores. Ahora que ya estás consciente de que tus conductas y elecciones tienen consecuencias, mira desde dónde estás actuando, lo haces en armonía divina (¿sin ocasionarte daño a ti o a terceros, en respeto por la conexión con la vida?). Recuerda aquel maravilloso mandamiento, Ama a los otros tanto como que a ti mismo…. (no dice más que a ti mismo). Tienes todos los días la oportunidad de hacerlo distinto, de recomenzar, tu historia te ha hecho ser la maravillosa persona que ya eres. Eres inocente, basta ya de culparte, vive tu presente conectado a la vida, recordando tus dones.

 



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