¿Somos seres racionales o emocionales?

Muchas veces nos han dicho, y nos han inducido a creerlo, que los seres humanos somos seres racionales, que nos diferenciamos del resto de los animales por la capacidad de razonar, de resolver problemas, hacer instrumentos, emplear la escritura para comunicar.

Esto, aparte de ser paradójico y contradictorio si se considera la forma en que nos relacionamos con la naturaleza y nuestros congéneres, no es del todo cierto. Si vamos al plano biológico, nuestra capacidad de razonar, ubicada en la corteza cerebral, es evolutivamente mucho más reciente. Anteriormente ya nuestros lejanos ancestros contaban con un sistema límbico, a cargo de emociones, instinto sexual, memoria, que además actúa mucho más rápida y directamente; en otras palabras desde el punto de vista de estructura biológica, lo emocional fue primero… y sigue estando en primer lugar.

Nos han formado para ocultar y reprimir nuestras emociones; recuerdo que mi padre me decía cuando era niño: ‘los hombres no lloran’. Y ese juicio dicho muchas veces quedó en mí, dejándome con una sensación de traición y de contradicción cuando me tocaba, como a todos nos toca, llorar por algún motivo. Y me reprimía de llorar.

Les pregunto: cuando conocemos a una persona que nos atrae, ¿razonamos o nos dejamos llevar por esa sensación en el cuerpo que nos mueve? ¿Razonamos sobre su condición social, económica, de salud, principios y valore o simplemente nos gusta y de allí partimos?

Somos seres emocionales, principalmente, no racionales. Como dice el biólogo Humberto Maturana: «No es cierto que los seres humanos somos seres racionales por excelencia. Somos, como mamíferos, seres emocionales que usamos la razón para justificar u ocultar las emociones en las cuales se dan nuestras acciones».

Después de haber pasado por una etapa de represión de las emociones, estamos llegando a que existe una inteligencia emocional, como lo ha planteado el sicólogo Daniel Goleman. Por otra parte, las empresas dedicadas al mercadeo y ‘branding’ hacen enormes esfuerzos en conectar con sus clientes para, mediante lo que denominan economía emocional, despertar sus necesidades de compra, desde lo emocional.

¿Cuál es el primer paso en asumir nuestra identidad como seres emocionales? Reconocer esa emoción en nuestro cuerpo, para luego gestionarla; dice la ontología del lenguaje que la emoción predispone para la acción. Reconocerla es percibirla, sentirla, sin resentimientos, abrazarla. Gestionarla significa ¿qué voy a hacer con esta ira, tristeza o alegría que me embarga? No hay buenas y malas emociones, simplemente las hay. Emplearlas adecuadamente va a depender sólo de nosotros, de nuestra capacidad de autoconocimiento y de reflexión. Además, las emociones se complementan entre sí y también se relacionan con nuestra capacidad de razonar y nos da parte importante de nuestra identidad.

Mi invitación final: vivamos equilibradamente nuestras emociones, gestionémoslas adecuadamente y razonemos cuando sea necesario.

Hasta la próxima.

 



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