¿Somos unos completos extraños para nosotros mismos?

En mi experiencia observando y escuchando a las personas, me he dado cuenta de lo difícil que es permanecer en quietud con nosotros mismos. Pareciera que evitamos contactarnos y que al tener un instante de quietud, quisiéramos romper ese momento buscando otra cosa en qué enfocar nuestra atención. Es como si la humanidad se estuviera rechazando a sí misma a pasos agigantados.

Observo el estrés en el cual nos desenvolvemos y siento que está destruyendo cada vez más a los seres humanos. Es más, creo que la angustia por huir del presente es tan intensa que se ha perdido el placer de simplemente estar por estar.

La sociedad se está desvirtuando hacia procesos de desconexión emocional insospechados. Estamos cada vez más automatizados y más alejados del placer de vivir. Es tan fuerte esta desconexión que nos hace ver como si fuésemos alter ego viviendo en cuerpos prestados, mientras que las almas de esos cuerpos están divorciadas de la realidad.

Síntomas de que no queremos estar con nosotros mismos:

  • Cuando evitamos los momentos de soledad e introspección con nuestro Ser.
  • Cuando buscamos estar siempre en compañía de personas, sea comiendo, compartiendo café, en fiestas, reuniones o salidas.
  • Cuando huimos del sosiego y la calma llenando la agenda.
  • Cuando tratamos a toda costa de no permanecer en silencio, llenando los espacios con música, la radio o TV.
  • Cuando estamos permanentemente hablando por teléfono, viendo la tablet, curioseando las redes sociales o leyendo las noticias.
  • Cuando pocas veces existe un espacio de intimidad con nuestra alma.
  • Cuando nos damos cuenta, de pronto, de que las cosas que nos gustaba hacer, ya no las hacemos.

Cada ser humano necesita inevitablemente conectarse con su centro para fluir en estos tiempos tan revolucionados, y necesitamos escuchar qué nos dice el corazón para poder contactar con nuestra alma y fluir con la danza de la vida. Aquí radica el secreto de la plenitud.

Bastarían quince o veinte minutos dedicados a la nada para escuchar nuestra voz interior. Porque al permanecer relajados evitando escapar del presente —como si de un enemigo se tratase— conectaríamos con el equilibrio mental, espiritual y físico que tanto buscamos sin ser conscientes de eso.

El miedo a enfrentar nos aleja de permanecer en el autocontacto.

Porque todos tenemos ángeles y demonios psicológicos que aparecen en los momentos precisos para recordarnos que debemos resolver situaciones inconclusas del alma, esas a las cuales no queremos enfrentarnos.

Estos recordatorios aparecen cuando estamos en silencio y en quietud. Así como también surgen los reconocimientos de que estamos viviendo plenamente. Todas las señales son evidentes cuando estamos conectados con el mundo interno y decidimos comulgar con nuestro Ser.

Darnos la espalda y negarnos es mutilar la maravillosa oportunidad de vivir en plenitud con nuestro propio YO.

El miedo hace que nos neguemos a enfrentar las situaciones porque el dolor no es algo que nos guste experimentar. Enfrentarlo significaría asumir cosas, hechos, culpas y errores que son reconocimientos que duelen en el corazón, pero liberan. El no hacerlo traerá otras consecuencias más profundas que no nos permitirán vivir en paz e incluso, pueden desestabilizar nuestro sistema físico trayendo consigo enfermedades… porque el cuerpo habla lo que el alma ya no puede callar más.

¿Cómo encontrarte de nuevo?

  1. Busca tu espacio vital.

Encuentra un momento a solas contigo donde el objetivo sea no hacer nada. Contempla tu entorno: una bonita vista, las flores, tus manos, una vela, la gente pasar, contempla el pasar de la vida.

  1. Escucha tu alma.

Porque es increíble cuántas cosas vas a rescatar de ella. Cuántas respuestas te vendrán por sí solas y cuánta sabiduría llegarás a descubrir en tu interior.

  1. Aíslate sin sentirte culpable.

Si un día no quieres estar conectado con todo, aíslate. Cierra tu espacio, relájate y haz lo que más te apetezca. Busca tu momento para consentirte sin sentirte culpable. Es tu derecho compartir contigo mismo tu propia vida. Tú eres el protagonista. No tienes que responsabilizarte por otra cosa que no sea de ti mismo en ese momento.

  1. Rescata tus pasiones.

Haz una lista de lo que más te gusta hacer: pintar, escuchar música, escribir, hacer deporte, bailar, leer… y tómate el tiempo para hacerlo. No sabes lo maravilloso que es volver a abrazar lo que más nos gusta.

  1. Medita unos instantes.

Puedes meditar cinco o diez minutos diariamente. Busca el mejor momento para ti. Y empieza por lo más simple: cerrar los ojos y escuchar la respiración. Verás que poco a poco entrarás en una calma fantástica, profunda y revitalizadora.

  1. Inmovilízate.

Puedes utilizar un App muy sencillo y muy bueno (yo lo hago), para hacer pequeñas pausas durante el día que se llama Mindfulness Bell. Esto te permite paralizar lo que estés haciendo cada vez que suena la campana tibetana y por unos segundos, cerrar los ojos, respirar y concientizar el momento presente. No importa dónde estés ni qué estés haciendo. Lo importante es contactar contigo mismo por pequeños instantes para que el proceso se convierta en un hábito de mindfulness diario.

Cada cosa que hacemos en nuestra existencia hace el camino, pero ese camino lo hacemos compenetrados o separados de quienes somos, por lo tanto cuando vivimos desconectados de nuestra alma con las distracciones externas, comenzamos una guerra diaria que destruye todo lo sagrado y mágico que vive en nosotros.

Rescata tu centro y estarás rescatando tu propia paz y rescatando la conexión de todo lo que la vida te ofrece.

Recibe todo lo mejor de este universo.



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