Sonreír tiene su ciencia

“En la gestión de nuestra cara, de nuestro cuerpo y de nuestros pensamientos, está la gestión de nuestro mundo emocional” Dr. Mario Puig, médico cirujano y conferencista.
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¡Te lo dije! 

No es esoterismo ni filosofía, no lo dice un “comeflor” y tampoco un bohemio, y aunque todos tenían razón, es un hecho comprobado ya por la ciencia y así lo confirma el Dr. Puig, especialista en neurociencia efectiva: las emociones tóxicas como el resentimiento, la ira, la tristeza, la amargura, la envidia, la angustia, etc. hacen que nuestro cuerpo produzca cortisol, una hormona que al generarse en exceso se acopla a las membranas de nuestros linfocitos, los glóbulos blancos que nos protegen frente a bacterias, virus y tumores, haciendo que nuestro sistema inmunológico se debilite.
Cuando esto sucede, nuestro cuerpo se enferma internamente y se deteriora en su exterior, provocando: irritabilidad; cambios de humor constantes; depresión; ansiedad; aumento de peso, obesidad; problemas digestivos, del corazón, de sueño; presión alta; envejecimiento de la piel; arrugas; dolores de espalda; susceptibilidad a las infecciones; vello facial en las mujeres; estrías.
La cortisol también es conocida como “la hormona del estrés”, en pequeñas dosis genera el “estrés positivo” conocido en endocrinología como eustrés y es el que nos ayuda a crecer como personas, a estar más concentrados. Sin embargo, cuando se produce en exceso genera distrés, el estrés que nos anula, el que nos bloquea, frustra, amarga y nos hace daño. Este último se genera cuando actuamos, hablamos y pensamos negativamente de forma frecuente.

Una vez que la practicas te sale natural ¡y hermosa
El cuerpo es un reflejo de tus órdenes.
Cuando sonreímos y nos enviamos mensajes positivos constantemente, cuando hablamos y pensamos en positivo, nuestro cerebro por necesidad busca adaptarse a ese mensaje y sigue la orden que la sonrisa y las palabras le mandan, entonces comienza a responder y a generar “las hormonas de la felicidad”, bien conocidas como las endorfinas, que también se producen con los abrazos, las caricias, las palabras amables, el amor a los animales, el amor en general, el ejercicio, la actividad sexual.
Las endorfinas calman y reducen el dolor por enfermedades crónicas; favorecen las sensaciones de placer; fortalecen y refuerzan el sistema inmunológico protegiéndonos contra enfermedades; abren nuestro apetito; favorecen la liberación de hormonas sexuales por lo que aumenta el deseo sexual; ayudan a combatir la depresión y la tristeza; reducen el nivel de distrés, entre otros beneficios.
Si hacemos de la sonrisa y de todas estas actitudes un hábito, lograremos tener “soberanía personal”, es decir: tendremos el poder de nosotros mismos, de cambiar nuestros estados emocionales para procurar una vida saludable y además, llena de oportunidades.

La sonrisa se contagia ¡pregúntale a las «neuronas espejo«!
Hacia donde dirijas tu atención irán tus emociones y tu vida
Cuando buscamos el lado positivo de la vida conscientes de que existe un lado duro, doloroso o desfavorable, pero enfocados en las oportunidades, en la búsqueda de soluciones y en las partes que sí nos gustan de nuestro presente, estamos cambiando genéticamente la estructura de nuestro cerebro y logramos reinventarnos para mejor.
Si internalizamos todo esto y lo practicamos, llega un momento en el que logramos ver los aspectos positivos de nuestra vida de forma natural y comenzamos a disfrutar de ella en cualquier tipo de entorno.
Es un hábito que no se construye de un día a otro debido a todos los patrones que hemos aprendido y que la sociedad y nuestros entornos nos imponen, pero que sí se puede incorporar en nuestro día a día si realmente queremos un cambio para mejorar nuestra salud mental, física y por ende: nuestra vida en sí.

No seas modesto ¡muestra todos tus dientes! «no sabes cuándo te faltará uno…»
El volante está en tu cabeza, solo tú diriges
Todo parte de ese pedacito de cuerpo que pesa 1.2 Kg llamado cerebro y que nosotros mismos podemos controlar.
La información está en nuestras manos y seguramente ya la hemos comprobado.  Está en nosotros incorporarla a nuestras vidas, ser parte de ese cambio que comienza desde adentro, salirnos del común denominador, ser la “oveja multicolor” y, con nuestra tinta, llenar de color a aquellas que se acerquen para seguir rompiendo esos esquemas mentales que tanto retrasan a la humanidad.
¡Feliz Vida!
Noelí Guerrero


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