¿Sonreirías?

Le dio cáncer de útero y se lo extrajeron, la chocaron y el carro quedó pérdida total, se quedó sin trabajo, decidió montar un negocio que no fue rentable y perdió todos sus ahorros. Para completar dos de sus familiares más cercanos sufrían enfermedades muy complejas. Y esto es solo lo más relevante.

Hace 15 años, cuando todavía no había vivido ni la mitad de estos acontecimientos, sus niveles de angustia podían contagiar al más ecuánime de los maestros espirituales, los decibeles de su voz en ocasiones podían haber destruido los tímpanos de cualquiera, en fin, su cotidianidad era asfixiante.

A pesar de todo, ella era capaz de bailar con uno de los ritmos más sabrosos nunca vistos, de soltar carcajadas de risa por un chiste tonto, de correr a ayudar al que la necesitara sin pensarlo, de disfrutar de un atardecer en la playa, y de respirar y dar gracias a Dios por la vida.

Hoy sigue viviendo situaciones tan difíciles como las descritas. Su esposo tiene una enfermedad incurable, su mamá está postrada en una cama, no puede llevar a delante sus proyectos laborales porque está encargándose de todo eso. En fin, pare usted de contar, como dice el refrán.

Lo interesante es que hoy no hay el más mínimo resto de angustia dentro de su ser, cuenta cada tragedia como la circunstancia que le tocó vivir y de la cual tiene que salir con un aprendizaje.

Asombra ver que su alma floreció, que su mujerabilidad está allí fortalecida, demostrándonos que no hay prueba que no sea posible superar y que, aunque la vida no le sonríe, ella sí le sigue sonriendo y siempre está dispuesta a hincarse sobre sus rodillas, sacar fuerzas desde el fondo de su corazón, mantenerse noble y llena de Amor concreto para construir un mejor mundo para quienes la rodean.



Deja tus comentarios aquí: