¡Soy independiente, mamá!

-Yo me subo solo, mamá

-¡No quiero!

-Pero, mamaaaaá, yo sólo. Déjaaaaa

Estas deben ser las tres frases que más me repite a diario Moreno mío, quien recientemente cumplió los dos años y desde entonces se declaró autónomo e independiente.

Llegar a los 24 meses, representó un giro en su vida porque, Moreno mío está viviendo lo que los psicólogos llaman  la “edad de la independencia”: cuando ese pequeño que hasta ahora dependía de uno para todo, manifiesta su deseo por ponerse solo los pantalones (aunque aún no lo logre), por subirse a la silla del carro solo (lo que en el caso de Moreno mío fue su primera gran victoria), y es también la época de las pataletas, del “No quiero” y de cambios trascendentales para su pequeña vida como comenzar el maternal (es nuestro caso), iniciar el control de esfínteres y, quizás, pasar de su cama de bebé a la de niño grande.

Los dos años son intensos y maravillosos y no sólo representan cambios en la vida de nuestros pequeños, sino también en la de nosotros como padres, y especialmente en la de mamá. ¿Por qué? Porque hasta hace unos meses, nuestro hijo era como una extensión de nosotras (y no es que deje de serlo), pero ahora comienza a explorar el mundo por sí solo y está decidido a descubrir todo lo que hay en él “solito”.

Así que, como mamá (y papá), nuestra labor es acompañarlos, guiarlos y dejar que sean “independientes” siempre que su seguridad personal no se vea en riesgo. Sin embargo, no es fácil porque a veces nuestros pequeños van demasiado rápido en su exploración del mundo y porque las pataletas tan comunes en esta etapa pueden desbordarnos emocionalmente.

Para salir airosos de estos intensos 2 años, hay algunas estrategias que como padres podemos aplicar y por supuesto ir adaptando sobre la marcha:

Aprender a ser flexibles: Moreno mío es mi hijo menor lo que quiere decir que copia absolutamente todo de su hermano mayor. Así que con él he tenido que ser más creativa y flexible. Por ejemplo, MiniSpiderman (5 años) tocó un videojuego después de los 4 años, Moreno mío es un as jugando en la tablet. Prohibírselo ha sido imposible porque ve a su hermano hacerlo, pero sí puedo controlar tiempo, juegos y distraerlo con otros recursos.

Ponernos en sus zapatos: es normal que la gente diga que ellos son los niños y nosotros los adultos. Sin embargo, hace bastante falta que los papás nos pongamos en los zapatos de los hijos y entendamos que ellos tienen un ritmo diferente al nuestro, que están descubriendo el mundo y qu,e aunque uno esté muy apurado, siempre da mejores resultados sacarlos de casa en la mañana haciendo competencias de carritos para llegar al ascensor, que pegarles gritos para que salgan.

No temerle a las rabietas: hay miles de libro sobre pataletas con cientos de estrategias, pero en mi caso particular lo único que me funciona es anticiparme cuando sea posible, es decir, cuando hay hambre, sueño o mucho cansancio. Hay otros momentos en que puedo negociar, por ejemplo, es común que mis dos hijos quieran el mismo juguete al mismo tiempo así que trato de convencerlos de intercambiar o usar otro, pero como no siempre se puede hay que asumir que habrá pataletas. En ese caso, solo respirar y esperar que vuelva la calma.

Establecer rutinas: Cuando hay hábitos establecidos (comer a la misma hora siempre, bañarse, ponerse pijama y dormir) el día a día es más sencillo, para mamá y también para los peques.

Por último, como siempre digo, hay que recordar que son niños y nuestro deber es acompañarlos en su crecimiento y procurar que sean felices.



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