¿Soy maduro o inmaduro? Etapas de la vida adulta

El grado de madurez que mostramos en nuestra vida no depende de la edad; depende de cuán conscientes somos de nosotros mismos, cuán dispuestos estamos a ayudar a otros y cuán listos somos para alcanzar nuestra verdadera realización. La madurez se refleja indudablemente en la forma como trabajamos, lideramos, vivimos.

Hace algunos días conversé brevemente con un profesional de larga experiencia gerencial que inicia un inesperado y retador proceso de transición de carrera. En una breve conversación pude identificar claramente cómo las circunstancias lo llevaron a activar su sentido de oportunidad atreviéndose a retar su pasado y trazarse caminos antes no imaginados.

A pesar de la incertidumbre y de la sensación de urgencia que generan procesos equivalentes, mi entrevistado habló con inspiración y racionalidad sobre posibilidades de carrera de naturaleza totalmente distinta a la sembrada a lo largo de muchos años. Él sopesó con confianza cómo alcanzar equilibrio entre lo que quiere y necesita hacer para vivir a plenitud y servir a la sociedad. Fueron sus palabras. A pesar de las circunstancias, mostró autosuficiencia emocional y solidaridad social.

Según un estudio publicado hace algunos años por Robert Kegan, psicólogo americano investigador de la Escuela de Educación de Harvard, los seres humanos somos más o menos “adultos” en función de nuestro grado de madurez social y de búsqueda de realización personal. La adultez no necesariamente depende de nuestra edad cronológica. Estableció Kegan que el adulto (aquel que ha desarrollado habilidades a partir de una racionalidad ya formada) atraviesa siempre cuatros fases consecutivas y codependientes a lo largo de su vida. Aspirando sentirnos conformes o realizados, todos oscilamos entre una y otra fase, pasando siempre por la primera, y la mayoría quedándonos en la segunda o tercera. ¡Pocos llegan a la cuarta!

Veamos cuáles son estas cuatro etapas:

  1. Etapa INDIVIDUALISTA: Se lucha por un puesto en sociedad; corresponde más a grupos de adultos jóvenes. Prevalecen la inseguridad, el ego y la búsqueda de gratificación personal. Hay poca capacidad de autocrítica. Con frecuencia la empatía también está ausente. El individualista se enfoca en sí mismo, sus intereses y metas; tiene poco sentido de responsabilidad social y apuesta a relaciones ausentes de equilibrio en las que unos ganan y otros pierden.
  2. Etapa del sentido de PERTENENCIA COMUNITARIA: Hay mayor autoconfianza y conciencia personal dentro de un entorno que exige interacción. El 55 % de la población mundial entra en esta categoría. El individuo abre su espacio, comparte y busca necesariamente adaptarse; acepta formar parte de un grupo; comienza a asumir responsabilidad en su relación con terceros. Desarrolla empatía, pero se arriesga a perder identidad al no diferenciar sus necesidades de las del grupo. Busca tan solo ser aceptado; corre el riesgo de alienarse. Su entorno se interpone a su esencia.
  3. Etapa de la AUTODIFERENCIACIÓN: El propósito personal de vida comienza a prevalecer. El individuo desarrolla un sentido de diferenciación intencional. Tiene mayor control sobre sí mismo; sus deseos y metas no son dictados por la sociedad. Tiene más sensibilidad hacia la perspectiva de otros que en su etapa comunitaria, si bien aún no es natural al interactuar bajo códigos de valores propios. El 25 % de la población mundial entra en esta categoría.
  4. Etapa del sentido de AUTOCONCIENCIA y REALIZACIÓN: El individuo se observa, entiende y satisface mientras contribuye socialmente. En esta etapa es muy introspectivo, autoconfiante y autosuficiente. Ya no tiene necesidad de controlar o ser controlado por el entorno. Entiende y a la vez es independiente del sistema de valores de otros. Los respeta. Individuos en esta etapa (10 % de la población mundial) muestran real interés por la humanidad; están listos para invertir en el bienestar de los otros a partir de convicciones e intereses propios. Su flexibilidad ante estímulos del entorno se fundamenta en una sólida infraestructura de creencias. En su vida prevalecen la serenidad y la satisfacción.

Es buena noticia que el 90 % de la población mundial refleje cada vez más autenticidad y demuestre más y más su sensibilidad hacia terceros. Si bien este estudio de Kegan fue realizado al comienzo de los años 90, me atrevo a inferir que la tendencia continúa en el presente. Aunque generaciones actuales de adultos jóvenes se muestran individualistas, buscan guiatura de parte del entorno para aportar socialmente con más libertades.

Personas de mediana edad (después de los cuarenta) evalúan logros y recursos para alcanzar mayor satisfacción planificando cambios significativos en aspectos clave de sus vidas (carreras, balance entre vida personal y profesional, matrimonio, relaciones amorosas, finanzas e inversiones o apariencia física). La expectativa de vida ha aumentado en las últimas dos décadas, de 64 años (en los 90) a 70 (en 2011), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más personas de entre 55 a 75+ años se incorporan al mercado laboral en los EU buscando formas de satisfacer intelecto y espíritu. Se rompe el paradigma de la edad; se consolida el sentido de propósito individual para contribuir socialmente con convicción, equilibrio y energía.

Los invito a preguntarse en cuál etapa de madurez adulta se encuentran: ¿En qué medida actúo para influenciar mi entorno? ¿Busco solo satisfacer necesidades y egos personales? ¿Realmente me atrevo a autocriticarme? ¿Qué tan importante es para mí pertenecer a un grupo o ser aceptado socialmente? ¿Cómo me diferencio de mi grupo? ¿Cuál es mi identidad? ¿Cuál es mi propósito? ¿Actúo en función de ello? ¿Cuán seguro estoy de mí? ¿Cuánto me importan los otros? ¿Los respeto? ¿Soy una persona individualista o más orientada al mundo?

Nos preguntamos y seguimos honrando nuestros pasos. Seguimos labrando realización, con intencionalidad, sin importar ni la edad, ni la condición financiera, ni el estatus social, posición profesional, circunstancia familiar o cualquiera que sea nuestra medida para la felicidad.

Prestamos atención al paso del tiempo, a las dificultades y oportunidades que se presentan. Nos observamos y atrevemos a retarnos. Como al parecer lo hace mi entrevistado permitiéndose el privilegio de apuntar hacia su satisfacción profunda evaluando lo que tiene y puede; lo bueno, lo deseado, lo buscado y alcanzado. Pero principalmente, sopesando el fracaso, el error, lo difícil e inaceptable, lo desagradable, problemático o inentendible. Porque intuye que es a través de la dificultad que se sedimentan la certeza, la madurez, la paz y la realización.



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