Sueños lúcidos

¿Quién no ha tenido alguna vez un sueño en el que surca el cielo volando? Pero, ¿cuántos habéis experimentado el estar lúcidos mientras lo hacíais?

El sueño lúcido ocurre cuando la persona se “da cuenta” de que está soñando, y empieza a vivir el sueño de forma consciente. Consciente y con los cinco sentidos. De hecho, muchos soñadores lúcidos relatan que estos sueños les parecen más reales que la propia realidad. Los colores son más brillantes, los olores más intensos, las sensaciones más placenteras.

¿Increíble? Pues aún hay más. Estos soñadores lúcidos adquieren con la práctica la capacidad de controlar los elementos que aparecen en sus sueños. En ellos, ciertas leyes físicas están alteradas, pudiendo vivir experiencias que de ningún otro modo serían posibles: en un sueño lúcido puedes volar hasta Saturno y pasear por sus anillos, respirar bajo el agua y sumergirte a profundidades abisales, viajar al Antiguo Egipto para conocer a Cleopatra o ser el protagonista de la película que viste anoche.

Las posibilidades son infinitas; sólo están limitadas por tu propia imaginación. 

Al margen de su evidente valor recreativo, el llevar a cabo el desarrollo de sueños lúcidos, puede, con la práctica, aportar además enormes beneficios. Es, por ejemplo, escenario de prueba para la vida real, del que se pueden beneficiar deportistas, estudiantes, músicos, científicos y, en definitiva, cualquier persona que quiera desarrollar o perfeccionar una habilidad o competencia, como el temor a hablar en público. En este caso, se ensayaría frente a una audiencia en el sueño, disminuyendo posteriormente los niveles de estrés y aumentando la confianza cuando la actividad se realiza en estado de vigilia.

Otra buena noticia: los soñadores lúcidos no son personas con capacidades especiales. Cualquiera puede convertirse en uno de ellos.

Lo único que hace falta es tener la motivación, perseverancia e interés necesarios para seguir alguna de las técnicas que harán que alcances la lucidez onírica.

Todas estas técnicas tienen algunos elementos en común. Tómate unos minutos y aprende cómo vivir esta asombrosa experiencia:

PASO 1: Comienza un diario de sueños:

El primer paso es empezar a recordar los sueños que se tienen cada noche. Para ello, una herramienta muy útil es el uso de un diario de sueños, en el que cada mañana, o cada vez que nos despertamos de un sueño, escribimos todos los detalles que podamos recordar. No te preocupes si al principio no recuerdas ninguno, lo principal es dormirse con la intención de recordar los sueños al despertarse, y ser constante con el diario. El objetivo es recordar al menos un sueño por noche antes de pasar al siguiente paso. Te recomiendo que dejes tu diario en la mesita de noche y que escribas por un lado todo lo que recuerdes y por otro, las sensaciones o emociones que tenías en ese momento.

PASO 2. Descubrir tus símbolos oníricos:

Cuando te hayas hecho con una buena colección de sueños en tu diario, podrás empezar a analizarlos y a descubrir qué elementos se suelen repetir en muchos de ellos. Quizás sueñas habitualmente con personas que hace mucho tiempo que no ves, lugares del pasado o con otros elementos o sensaciones que se repiten. Cuando tengas identificados esos símbolos, te será mucho más fácil saber si estás soñando.

Este sería el momento de escoger una técnica para inducir sueños oníricos. Hay bastante información en la red, y te recomiendo especialmente la lectura del libro “Explorando los sueños lúcidos”, en el que Stephen LaBerge, investigador y director del Lucidity Institute, experimenta en su laboratorio del sueño y explica de forma exhaustiva todo lo que pudieras querer saber sobre los sueños lúcidos y el mundo onírico.

Una de las técnicas más efectivas a medio plazo es la que te explico a continuación.

PASO 3. Chequeos de realidad:

Los sueños suelen ser muy inestables (los escenarios, la persona con la que estás hablando, y cualquier otra característica del sueño puede variar rápidamente frente a tus ojos) y en ellos ocurren cosas que no nos pasan en nuestras horas de vigilia. Pero nuestra cabeza se empeña en hacernos creer que aunque tengamos frente a nosotros un velociraptor comiendo un cucurucho de helado, alguna razón habrá. Porque, estarás conmigo, en que aunque en los sueños suelen pasar cosas bastante bizarras, no nos despertamos asombrados gritando: “¡Esto es imposible!”, sino que continuamos con el sueño como si no pasara nada.

Una buena forma de darse cuenta de que se está soñando y con ello conseguir lucidez onírica es realizar chequeos de realidad. Son pruebas que nos permiten saber si estamos inmersos en un sueño. Lo difícil es acordarse de realizar estas pruebas mientras se duerme, por lo que la mejor manera de lograrlo es habituarse a realizar estas pruebas durante el día, asociándolo con ciertas actividades (pasar por una puerta, empezar una conversación…) o poniéndonos una alarma que nos lo recuerde y así realizarlo de forma prácticamente inconsciente durante el sueño.

Las pruebas de realidad utilizadas varían bastante dependiendo de los gustos personales, pero las más comunes son:

Intentar volar: Una prueba que no falla. Si al dar un salto sales volando, sin duda estás soñando. El inconveniente es que es de las pruebas menos discretas para hacer en público.

Taparse la nariz: Si estás soñando podrás respirar de forma habitual, ya que te estarías tapando tu nariz onírica con tus manos oníricas. Pero tu nariz real seguiría canalizando el aire hacia tus pulmones. 

Mirarse las manos: una de las más usadas por su discreción. Si estás soñando, el número de dedos, tamaño o incluso color de las manos no serán los mismos a los que estás acostumbrado…

Mirar la hora en un reloj digital: durante el sueño, si miramos un reloj digital, apartamos la vista, y lo volvemos a mirar, se habrán producido cambios en lo que vemos que nos van a indicar que estamos soñando.  

PASO 4. Lograr y mantener la lucidez:

Si eres constante, algún día, cuando menos te lo esperes, descubrirás que te encuentras en un lugar del pasado (o cualquiera que fuese tu símbolo onírico), te mirarás las manos (o harás el chequeo de realidad elegido) y…¡descubrirás que estás soñando!

Sabemos que las primeras veces son muy emocionantes, por lo que la mayoría de los principiantes despiertan justo tras adquirir la lucidez o se mantienen en ella solo por unos segundos.

De nuevo en este caso es cuestión de paciencia y perseverancia. Existen técnicas para mantener la lucidez, y casi todas se basan en activar otros sentidos que no sean la vista. Mantener la calma, gritar “¡Esto es un sueño!”, frotarse las manos o girar sobre sí mismo en el sueño como una peonza, suelen ser efectivas.

Pero recuerda: los sueños son una de las experiencias más personales y subjetivas que se pueden tener, por lo que si decides convertirte en un soñador lúcido, tu propia experiencia te irá diciendo qué es lo que mejor te funciona a ti. Sentirse demasiado ansioso por conseguirlo tampoco ayuda.

Mi consejo es que busques más información, adoptes las técnicas que más se acomoden a ti, que te relajes y disfrutes de esta nueva experiencia.

Con esta información y sabiendo que dedicamos un tercio de nuestra vida a dormir. ¿No te parece excitante la idea de irse a la cama?

Sean lúcidos o no… Felices Sueños.



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