Superar los condicionamientos de los padres

Superar los condicionamientos de los padres

Sin duda los padres dejamos honda huella en nuestros hijos. A veces, estas son negativas y dolorosas. Nuestra responsabilidad como adultos es sobreponernos a aquello que nos limita y nos hace infelices. Así que en este artículo te contaré sobre el camino para superar esos condicionamientos limitantes aprendidos de mamá y papá.

Todos hemos vivido experiencias similares.

Obviamente los padres hacemos lo mejor que podemos. En general amamos a nuestros hijos y deseamos lo mejor para ellos. Pero, con frecuencia perpetuamos formas de comunicación y educación de nuestros propios padres, con información y métodos vencidos.

Si tienes la fortuna de ser padre, verás cómo sin querer, estás repitiendo frases exactamente iguales a las que oíste de niño de tus padres. Porque en nuestra primera infancia, hasta los 7 años somos sumamente vulnerables y aquello que nos dicen quienes tanto amamos, son como poderosos hechizos que se guardan en nuestra psique.

Cuando crecemos, las voces de nuestros padres ya no están fuera de nosotros, sino son voces que están en nuestro interior.

Los padres usualmente etiquetan.

Uno de los comportamientos más comunes que hacen los padres es poner adjetivos en sus hijos. Tal hijo es el inteligente, el otro es el flojo, la otra es la bonita. Y dependiendo de cómo fue su educación, incluyen algunos adjetivos que disminuyen a la persona, por ejemplo ella es bruta. Así, van limitando y encasillando a los hijos, disminuyendo las posibilidades de que ellos se vean en su totalidad.

Por su parte, los niños aman tanto a sus padres, que tratan de complacerlos en su expectativa. Si bien cuando ésta es negativa, se resisten y les hace sentir mal, inconscientemente, le creen más a sus padres y dan por cierto esa errada apreciación.

Cuando los padres etiquetan a los niños, es como si los metieras en una caja. Porque un ser humano es muchas cosas, pero esos condicionamientos limitantes le impiden mirar todo lo que pueden ser. Así, en nuestra vida de adultos, tenemos la responsabilidad de borrar la huella emocional y mental que nos ha dejado nuestra crianza.

Superar las huellas de las etiquetas.

La semana pasada escribí sobre el abuso hablando de un caso de una persona que atiendo en consulta que vivía una situación penosa con su esposo.

En las consultas, recordó que su padre era posesivo y menospreciaba a todas las mujeres. Pensaba que todas eran fáciles y fue muy mujeriego. Ella pudo entender la co-relación que había con esta situación de acoso y abuso con las etiquetas que había recibido de niña y las vivencias con su padre. Al mirar todo el panorama tan claramente, pudo tener la fuerza para dejar la relación.

Ahora está feliz de haberse ido de casa y recobrar la paz que había perdido. De niña, por todas las etiquetas que recibió de sus padres, concluyó que el amor era sometimiento. Ahora elige creer que el amor es libertad. Continúa su trabajo interior de sanación, de perdón y sobre todo de mirarse con ojos de amor. Está reconstruyendo la idea que tiene de sí misma, de las relaciones y los hombres.

Ser tu propia autoridad es superar a tus padres.

Creo que un trabajo básico al hacernos adultos es convertirnos en nuestra propia autoridad. Eso para mi significa revisar qué aprendí en casa: de mí, del mundo, de las relaciones, por ejemplo y decidir con consciencia qué de eso quiero dejar y qué quiero cambiar.

Si entendemos que lo que experimentamos en el mundo es el reflejo de lo que está en mi interior y eso está construido por todo mi sistema de creencias, sabemos que para vivir mejores experiencias, tenemos que cambiar nuestras ideas. Y eso incluye lo aprendido en la niñez.

Por eso es tan necesario hacer este trabajo, revisando lo vivido, lo aprendido para elegir conscientemente con qué me quiero quedar y de qué quiero deshacerme. Te doy un ejemplo, mi papá tenía una baja autoestima. Recuerdo que de niña, teníamos dificultades económicas, pero él podía usar el poco dinero que teníamos para el mercado, para invitarle a un amigo una comida y así nadie dijera que él no tenía.

En mi adolescencia e incluso a principios de mi adultez, muchas veces pretendí cosas, buscando la aprobación o el respeto de las personas por medio de fingir que estaba bien. Al darme cuenta de esto y de lo frágil que era mi autoestima, hice todo mi trabajo para valorarme por mi esencia y no por lo que tengo. Afortunadamente ahora sí tengo clara mi valía y es parte de lo que me gusta enseñar.

Tú puedes cambiar

Si algo de tus resultados presentes no te gusta, date cuenta de que tú tienes el poder para crear una nueva realidad. Es un camino hermoso el del autodescubrimiento. Es más hermoso aún darte cuenta que eres responsable de lo que te ocurre, porque a partir de allí puedes hacer las mejoras.

Este proceso no ocurrirá de la noche a la mañana y puede ser que necesites ayuda profesional porque a veces no vemos claro nuestro camino. Estamos demasiado involucrados emocionalmente para ver y entender alguna cosa. Sin embargo, lograr la transformación, pero sobre todo cuando vemos esa vida maravillosa que estamos creando, esa es la verdadera recompensa.

Así que te animo a hacer la parte que te corresponde para que tu vida sea todo lo buena y maravillosa que puede ser ¡Tú lo mereces!

Imagen de natik_1123 en Pixabay



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