Tai chi chuan: la práctica de un arte marcial en beneficio de nuestra salud

Tai chi chuan: la práctica de un arte marcial en beneficio de nuestra salud

Es frecuente escuchar o leer acerca de los beneficios de las artes marciales para la salud tanto de niños como adolescentes, hasta adultos mayores. Un arte marcial interno cuya práctica continua mejora la calidad de vida tanto física como mental de quien lo desarrolla es, sin duda alguna, el tai chi chuan, actividad física y espiritual de origen chino que se realiza en occidente con múltiples estilos. Este ejercicio requiere de habilidad mental, concentración, un acompasado trabajo muscular y disciplina. Son estos cuatro elementos los que lo configuran como una actividad cuyos movimientos fluidos y pausados facilitan un tipo de meditación en movimiento que ayuda a elevar nuestro estado de salud.

¿Por qué practicar tai chi chuan beneficia nuestra salud? Cuando practicamos este arte marcial movemos nuestro chi o energía, usando los siete principios que a continuación enunciamos:

Figura 1 CHI

  1. Ser vacío y ágil:  mantener la energía en la coronilla (en la parte superior de nuestra cabeza). Así la mente se aquieta, y la vida la sentimos fluir con el todo.
  2. Mantener la postura: se estira la espalda, se relaja la cintura, se bajan los hombros y se dejan caer los codos facilitando la unión de la conciencia y el movimiento corporal.
  3. Distinguir lo lleno y lo vacío en nuestra mente y en nuestro movimiento: nos movemos con lentitud, flexibilidad, circularidad, continuidad, suavidad, y también con firmeza, determinación y con la sensación de vaciar y volver a llenar nuestro ser en armonía.
  4. Emplear la intención y no la fuerza muscular: la belleza es ilimitada e inexplicable, de todo el cuerpo emana energía vital.
  5. Enlazar cuerpo y mente: para generar armonía en nuestro ser y en el entorno que nos rodea.
  6. Ligar los movimientos con nuestra respiración: de manera acompasada y en ritmo con el presente. Se regula constante y delicadamente la respiración
  7. Buscar la calma dentro de cada movimiento que se hará fluidamente. Dejar que el ritmo de la práctica sea de tranquilidad y espontaneidad como fuente de conexión con el todo.  

¿Cuál es el resultado de la práctica de esos siete principios si mantenemos nuestra constancia y disciplina?  Logramos estos cinco beneficios:

  1. La disposición de la energía. El practicante descarga las tensiones de su vida cotidiana y, por ende, se sentirá con mayor disposición física y emocional para enfrentar su día a día con ecuanimidad. 
  2. La agilidad corporal y mental. Mejora la coordinación de movimientos y el equilibrio corporal. Desarrolla las inteligencias emocional y kinestésica.
  3. La calma del espíritu. La conexión con algo mayor a uno mismo.
  4. La concentración de la energía. Se suele concentrar en la danza del movimiento y el acompañamiento de la respiración para fomentar, en consecuencia, el mejor funcionamiento de nuestros órganos internos.
  5. Con el manejo adecuado de nuestra respiración, nos hacemos más conscientes de nuestras emociones y podemos manejarlas para favorecer el equilibrio con nuestro sistema inmunológico, y así avanzar hacia la salud perfecta y la paz interior.


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