Tarea: Motivar a otro

A veces sentimos que algunas personas necesitan un pequeño empujón para mejorar, para enfrentar cierta situación. Sin embargo, se nos hace difícil determinar, en primer lugar, qué decir, en qué momento y, aún más importante, cómo no sonar tediosos o gruñones para quien recibe nuestro consejo.

La motivación es poderosa para generar cambios, y es allí donde se debe apuntar. Si eres jefe, o compañero de trabajo, incluso amigo o familiar, estos consejos pueden ser útiles, dentro y fuera de la oficina.

Si una persona solo rinde lo suficiente para “justificar” su pago, haz que se sienta recompensado pero sin que sea un acto de soborno. Es importante hacerle saber que su trabajo es importante, que no es solo cuestión del cheque al final de mes, sino las cosas que aporta al grupo. Una palabra de gratificación puede marcar diferencia.

En casa, reconocer el aporte de cada miembro de la familia en las tareas cotidianas, así sean las más sencillas, pueden ser la base para una buena convivencia.

En este sentido, celebra los pequeños progresos. Las pequeñas victorias permiten mantener los ánimos en alto y mostrar un avance, que el trabajo está dando buenos frutos. Compara el estado inicial cuando se comenzó un proyecto y los objetivos que se han alcanzado, cuántas cosas se han aprendido, en lo individual y lo colectivo.

Presta atención a los sentimientos de las personas. Los sentimientos son grandes motores. Raramente hacemos cosas por las que no sentimos algo, o difícilmente podemos enfocarnos en trabajar si nuestros sentimientos están volcados a cierta situación que nos afecta. Trabaja en conocer no solo cómo se siente esa persona, sino cómo aclarar el panorama y solucionarlo.

Por otro lado, siempre concebimos la oficina como un lugar más formal y serio, pero podemos hacerlo más amigable y ameno, que el resto de las personas se sienta en confianza. Que cada quien tenga la oportunidad de expresarse, sin límites.

Construir una historia en común también puede ayudar a motivar a las personas. Nos sentimos más cómodos conviviendo (y trabajando) con un grupo con el que tengamos pensamientos, objetivos y valores en común. Definir un lema, algo que nos distinga e identifique, puede ayudar. Los grupos de trabajo más unificados son aquellos que tienen una idea que los motiva.

Finalmente, es necesario aprovechar cada reto como una oportunidad para crecer. Quizás a la persona a quien quieres ayudar está atascada y tú puedes, desde una perspectiva diferente, brindarle algunas luces que le permitan superar el capítulo para seguir adelante.



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