Eso que te dices…te marca

Eso que te dices...te marca

Los juicios que más influyen en ti son los que haces sobre ti mismo(a). Poco importaría lo que otros opinen si no te llega, si no te alcanza, si no lo sientes creíble, pero cuando esos comentarios te afectan es que están afectando tu percepción personal. Por ejemplo, si eres rubio(a) y te dicen que eres moreno, dudarías de la percepción del otro, pero si te dicen que eres lento(a) y te afecta, es que estás poniendo en duda tu velocidad.

Obviamente que es maravilloso contar con percepciones positivas sobre ti mismo(a), esas te enriquecen y actúan como fuerzas impulsoras para tu crecimiento y valoración personal; pero cuando no es así te minimizas. ¿Cuántas veces no nos escuchamos decirnos cosas desalentadoras? Soy un(a) fracasado(a), estoy viejo(a), no soy atractivo(a), etc, y, desde allí es inevitable afectar nuestra autoestima.

La invitación en este momento es a que consideres lo siguiente: muchos decretos que hacemos sobre nosotros, o sobre el comportamiento de lo externo en nosotros, suelen corresponderse a distorsiones de nuestra percepción, pero que asumimos como ciertos aun a sabiendas de que nos hacen daño.

Veamos un ejemplo de la vida diaria, le mandas un mensaje a una persona por Whatsapp, ves que lo lee y no te contesta, ¿qué haces? Un pensamiento distorsionado pudiera ser que a esa persona no le interesas, que te está haciendo un desplante, que eres rechazado(a), y desde allí sentir ansiedad, frustración. En este caso la interpretación del hecho de no responder queda distorsionado por tu percepción. Creas una serie de hipótesis, generalmente sin evidencias, pero pudiera ser que la persona lo leyó y en ese momento no puede contestar, que lo leyó y lo tome como un mensaje que no necesita una respuesta, etc.

¿Qué ganamos pensando lo peor en el sentido de buscar aquello que más nos lastima? Un exceso de pensamientos negativos es la causa de la tristeza, la depresión, la ansiedad y, por supuesto, de una baja valoración personal.

Yo hoy quiero invitarte a que en cada situación seas el juez, tu abogado defensor en lugar del fiscal, que abandones los supuestos y te concentres en las evidencias, en lo que puede verificarse (podemos incluso malinterpretar las evidencias), en los hechos más que en tus emociones o sentimientos. ¿Es realista lo que piensas?

El punto focal es no entregarte a los pensamientos negativos, sino a cuestionarlos, a enfrentarlos para finalmente sustituirlos por creencias más reales con las que dejes de interpretar el sentir de la otra persona. Recuerda que cada persona es un mundo, y lo que tú crees que están pensando no necesariamente es la verdad. Por otra parte, no des tanta fuerza a lo que sucede afuera, sino a tu interior, a lo que creas o pienses de ti, a inundarte de pensamientos que te fortalezcan, y te hagan sentir bien.



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