¿Te imaginas vivir en un estado de bienestar permanente?

Estar en bienestar es la meta soñada, solo que muchas veces no lo podemos obtener porque lo condicionamos a cuando logremos algo determinado o lo confundimos con una felicidad permanente. Ambas situaciones son irreales por dos razones:

1)      Siempre vamos a querer obtener cosas  o situaciones, de modo que si condicionamos el bienestar a la consecución de metas, estaremos en una  insatisfacción permanente. No es no tener metas, porque ellas nos dan norte, pero sin dejar de agradecer y valorar lo que tenemos más que aquello que aún no se ha logrado.

2)      Confundimos el bienestar con un estado de alegría permanente desconociendo el resto de las emociones o considerándolas nocivas, lo cual es falso. Somos pensamientos, sentimientos y emociones y todas tienen utilidad; el punto es aceptarlas, manejarlas, trascenderlas dentro de la paz y la confianza y, de esta manera, aun en las noches más oscuras podremos estar en bienestar.

El bienestar es paz y confianza. Es entender que la vida se ha otorgado para disfrutarla con sus altas y sus bajas, con sus tonos oscuros y claros y que podemos mantenernos conectados a la sincronía de la misma con los siguientes elementos:

  • Agradecimiento: es una sana práctica expansiva de bienestar y cuando haces de esto un hábito, aprendes a valorar lo que tienes, más que quejarte por lo que no, de modo que no te alcance esa fatídica frase que dice “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. A modo de ejemplo te dejo solo una pregunta: ¿hace cuánto que no agradeces que puedes disfrutar del placer de poder ver?
  • Confianza: el tener la certeza de que todo lo que ocurre en tu vida obedece a un fin superior, que tiene un sentido, te permite sentir paz y desarrollar resiliencia, alejándote de esta manera del tan nefasto rol de víctima indefensa.
  • Disfrute: aprender a disfrutar todo lo que hagas, desde planchar hasta ir a la playa. En cada situación de la vida puedes encontrar alegría si decides asociarla con pensamientos positivos concentrándote en el beneficio de lo que estás haciendo, y créeme, todo tiene su recompensa.
  • Servicio: ayudar a otras personas es una fuente inagotable de satisfacción interna. Es estar feliz ayudando; no haciéndolo para obtener reconocimiento público porque el verdadero bienestar no está afuera, sino dentro de ti.
  • Silencio: en el silencio surgen las mayores respuestas y la mayor intimidad; baja el volumen de tus ruidos internos y de los externos para que puedas entrar en la gloria del poder que vive dentro de ti.
  • Aceptación: hay situaciones que nos toca vivir y mientras más nos resistamos no solo serán más complejas, sino más difíciles será superarlas, recuerda siempre la pregunta mágica: ¿qué debo aprender de esto?
  • Enfócate en lo que te gusta: aprovechando lo expansivo de nuestro pensamiento, el enfocarnos en lo que nos gusta no solo nos permitirá sentirnos mejor, sino que atraerá a nuestra vida más situaciones del tipo me gusta.
  • Aprende a decir no: no encadenes tu vida a peticiones de los demás, no te dejes afectar por aquello que no conecta contigo. Decir no sin sentirse culpable es realmente liberador.

Pase lo que pase, entiende que el bienestar depende en su mayor parte de ti porque no es lo que tengas que vivir o lo que te ocurra, sino lo que eres capaz de hacer con eso, y, es de inteligentes decidir siempre por el bienestar.



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